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Los Jumillanos toman la calle 21 abr. 2014 11:15 Plácido Guardiola Jiménez

Cuando la ciudadanía toma las calles «Rebelión ciudadana en Jumilla»


Jumilla Semana Santa
Calle acorralada esperando el desfile procesional
Cuando a todos nos parecía que el pueblo parecía adormecido, apático y sin compromiso alguno por lo público, resulta sorprendente que de repente se lance a la calle y la haga suya reivindicando el espacio público como propio. No me estoy refiriendo como algunos puedan pensar al compromiso ético de desalojar de sus potronas a los desaprensivos que han hecho de la política el lugar idóneo para desarrollar sus carreras profesionales, a esos que tanto rechazo dicen las encuestas del CIS que provocan en la ciudadanía. Tampoco a un compromiso para cambiar el lamentable estado de las cosas a los que nos han conducido las políticas de los últimos años, no me refiero a todo eso, sino a tomar lisa y literalmente las calles y aceras que antes eran espacio público para convertirlas en una prolongación privativa de nuestras casas.
Sí, aquí en Jumilla, en esta Semana Santa declarada de Interés Turístico Nacional, si Ud. es de esos incautos viajeros que ha acudido a ver sus procesiones (salvo que venga invitado por un lugareño), tendrá difícil encontrar donde sentarse salvo en las mesas de algún bar situado en su trayecto. Aquí ya de madrugada los jumillanos de forma anárquica y arbitraria habrán tomado nada más atravesar la madrugada y de forma sigilosa y casi furtiva, cada rincón de las aceras por donde trascurrirá el cortejo.

Jumilla, Semana Santa
A pasar la calle que no pase nadie...

Si las alles son públicas, pensamos los jumillanos, son de todos, por tanto, propias. Claro, que de todos no son las calles, más bien del primero que llega y planta sus sillas bien entrada la noche. Son las seis de la mañana y apenas queda un hueco libre en el recorrido principal de la procesión que se desarrollará al día siguiente a las doce. De este modo me contaba un vecino de la afamada calle de la Feria (tramo del rollo), lo que le había sucedido ayer cuando a las nueve de la mañana me acerqué a saludarle en la puerta de su casa. “Mira donde he tenido que poner las sillas para unos amigos que vienen a ver la procesión del Resucitado en segunda fila. Cuando he salido a las siete a ponerlas ya estaba todo cogido”. Como quiera que también los jumillanos tenemos conciencia de que esta forma de tomar la calle no es del todo digamos “ortodoxa”, como en el fondo somos conscientes que en el espacio público no podemos poner nuestros objetos personales y esperar que sean respetados como privados, no sacamos nuestras mejores sillas sino de esas baratitas de terraza y plástico o de las de cuatro chavos del IKEA. Aún así, algunos toman la precaución de atarlas con una cuerda o ponerles unas bridas de plástico para que no se las lleven.

Jumilla, Semana Santa

Jumilla, Semana Santa
Arriba, dos imágenes de sillas atadas en la vía pública
Quienes peinan, como es mi caso, alguna cana entre sus cabellos (a mi me quedan pocos por tantos que se cayeron y otros tantos que me tomaron), todavía recordaran aquellos hombres que se ganaban el jornal recogiendo por las noches en enormes pilas las sillas plegable (atadas con cadenas y un candado), propiedad de la Junta Central de Hermandades. Hombres que al día siguiente cobraban y vigilaban a quienes se sentaban. Ignoro si aquello era negocio para la JCH, desde luego, eran unos jornales honradamente ganados por quienes se dedicaban a su custodia y una oportunidad de ver los desfiles para quienes nos visitaban. También ignoro qué fue de esas sillas, alguien me ha contado que un buen número ha desaparecido bien sea por roturas, hurtos varios o desidia de quienes tenían el deber de custodiarlas. Sea como fuere, lo que sí sabemos es que en los años en que esto iba bien, me refiero al dinero fácil que proporciono la burbuja inmobiliaria y que permitió generosas y abundantes subvenciones a las fiestas, quienes se encargaban de las sillas fueron olvidando poco a poco el organizarlo, sacarlas y ponerlas.
De este modo, ésta fiesta de Interés Turístico Nacional y Medalla de oro de la Región, no viene a ponérselo fácil al viajero que por un causal se atreve a acometer la aventura de visitarnos, pues aquí en Jumilla, deben saber que las calles son de los jumillanos. Sin orden ni concierto, simplemente que con nocturnidad y alevosía nos dedicamos de forma anárquica a recorrer el trayecto con el coche maletero abierto (no puede cerrarse por la pila de sillas que hemos metido), para encontrar un hueco donde poner las nuestras.
Creo que los jumillanos debiéramos pensar en las consecuencias de esto que hacemos. La JCH, además de dedicarse a los asuntos importantes a los que vienen dedicándose (entre otros el cambio de estatutos que permite modificar las mayorías de votos que anteriormente habían en la toma de sus decisiones), debería dedicar especial atención a estos asuntos. Tampoco debe ser ajeno a este problema el equipo de Gobierno Municipal y la oposición,  a fin de cuentas es su obligación principal el ordenar y vigilar el espacio público. Seguramente estos últimos también están ocupados en asuntos más trascendentes que se escapan a la mente de este iluminado que les habla.
Por todo ello y si nadie lo remedia, sólo me queda deciros: ¡Adelante paisanos, la calle es nuestra! De tal forma que, el próximo año, no tengamos como tienen todas las ciudades que gozan del distintivo de Interés Turístico Nacional, unas gradas, sillas o lo que sea en los tramos privilegiados de los desfiles de nuestra Semana Santa de acceso público previo pago de un tique. Quizá no sea negocio, pero es una forma de ordenar lo de todos, de dar unos jornales y de poner a disposición del visitante o del lugareño un lugar donde ver nuestros afamados desfiles.
Ignoro que le parecerán las imágenes que acompañan el artículo, todas tomadas ayer a las diez de la mañana, calles vacías sin un alma salvo algún raro transeúnte y un coche lleno de sillas buscando, aún a esas horas, en qué bocacalle plantar las suyas. Aceras tomadas, y calles acorraladas en dos infinitas e interminables filas de sillas. No se su impresión, pero la mía les aseguro que fue deprimente, me encogió el alma y me avergonzó por un instante, de mi condición de jumillano.
Les debo confesar una última cosa, he utilizado mal a propósito la palabra Rebelión en el subtítulo, pues según la RAE en su segunda acepción ésta significa «Delito contra el orden público, penado por la ley ordinaria y por la militar, consistente en el levantamiento público y en cierta hostilidad contra los poderes del Estado, con el fin de derrocarlos». No nos engañemos, aqui, en este caso, ningún jumillano quiere derrocar o terminar con los males que nos aquejan, simplemente a río revuelto ha decidido aprovecharse del caos que reina pensando aquello de "Maricón el último"

2 comentarios :

  1. Vaya por Dios, nunca mejor dicho, las masas que vienen a Jumilla a ver el Cristo sin poder sentarse...

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  2. Pedro Antonio Tomas21/4/14 16:41

    Placido te doy toda la razón, para mi es de vergüenza lo que he visto este año con las dichosas sillas. Sin ir mas lejos este es mi caso: El Viernes Santo por la mañana, a las 10:30, mi mujer y yo, siendo previsores, agarramos el carrito con nuestra niña de dos años y medio y nos ponemos a buscar un sitio para ver la procesión del Calvario. Y cual es nuestra sorpresa cuando recorremos desde el Arco de San Roque hasta el jardín de La Glorieta sin encontrar un solo sitio donde poder colocar el carrito con nuestra peque. Es una vergüenza esta situación. Las aceras pequeñas ocupadas con una ó dos filas de sillas, y las aceras amplias con tres y cuatro filas de sillas, y encima todas las bocacalles cerradas con sillas y en algunos casos incluso sofás. Alguien deveria de tomar medidas contra esto, porque sino muchos tendremos que irnos en Semana Santa de Jumilla, por no poder ni siquiera andar por sus calles. Un saludo

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