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El legado de José Antonio Tomás 12 dic. 2013 13:48 Plácido Guardiola Jiménez

«Notario de nuestra identidad»


José Antonio Tomás nacido en Jumilla 21 de Octubre de 1925

Cuando dentro de unas horas D. José Antonio Tomás reciba el merecido homenaje por su trayectoria profesional que le otorga nuestro Ayuntamiento, la mayoría de los asistentes pensaran que lo tiene bien ganado; además de por su trabajo, por el ingente material gráfico que entrega al pueblo de Jumilla con la donación sus archivos fotográficos. Sin embargo, pocos serán conscientes de que el valor de su legado va mucho más allá de los miles de fotogramas que componen su obra. El alcance y auténtica dimensión de su legado,  no está en el volumen y periodo que abarca, sino en el buen hacer que marco su andadura tras el visor de una cámara. Con su forma de escudriñar la realidad y obsérvala, recuperamos la memoria más reciente de nuestro pueblo correspondiente a la segunda mitad del pasado siglo.
José Antonio, no era de los fotógrafos al uso que esperaba a que las gentes pasaran por su estudio para hacerse las fotos de rigor. No era de los que esperaba tropezarse con la realidad, no. Él sabía que la realidad estaba fuera, por ello no dudó en salir a buscarla con sus cámaras. Al principio desplazándose en bicicleta, después con moto Guzzi  y más tarde con su Seat 850, pero siempre acudiendo allí donde las cosas acontecieran. Ha sido un fotógrafo de calle, un reportero de la vida, del pulso diario… en realidad, José Antonio es un fotógrafo social y de lo social. En este sentido, es el único de nuestros fotógrafos cercanos en el tiempo al que cabe asignarle tal denominación.
Los objetivos de sus cámaras además de captar los grandes y solemnes acontecimientos de la vida de nuestros paisanos, esos que siempre requieren la foto para la posteridad, recogen el acontecer diario de la vida del trabajo, las celebraciones, las fiestas y cualquier otro acontecimiento relevante que sucediera. Por sus lentes y su mirada, desfilaron las gentes en las industrias manufactureras de la época, las cuadrillas de segadores, muleros, vendimiadoras, esparteros y demás trabajadores del campo.
Su mirada, es la de un fiel observador, al tiempo que buen conocedor de la realidad que le rodea. De ahí que, como si de un notario se tratase, nos da fe de cuanto acontece en la vida de nuestro pueblo durante el ejercicio de su dilatada vida profesional.

 Cuadrilla de segadores en la Campana
Cuadrilla de vendimmiadoras en la finca de Pepe Rata

Antes de fotógrafo, José Antonio (huérfano de padre en el seno de una familia humilde), había trabajado en diversas labores del campo y también de mancebo de farmacia, por ello conocía de primera mano la realidad que más tarde nos refleja en sus imágenes. Su obra es la de un experto conocedor de ese mundo, que recoge en los rollos de película con las que carga sus cámaras, esos en los que va registrando, con minuciosa fidelidad, la vida experimentada por nuestro pueblo en ese periodo.
Su mirada fotográfica, además de fiel es rotunda, concluyente y rigurosa pero al mismo tiempo poética y lírica, propia de quien sabe captar la belleza de las cosas más simples y sencillas. Es aquí, en la fotografía de lo cotidiano, donde nos aparece la vena más artística de José Antonio. La descubrimos en sus encuadres, en los gestos y miradas de sus personajes que miran con ternura e ingenuidad a la cámara. En definitiva, su mirada pone en valor aquello que nos puede parecer normal, banal o intrascendente; devolviéndonos de este modo la belleza sencilla y virginal de la vida cotidiana, esa que, en muchas ocasiones, nos pasa desapercibida.

 Carga de cofines en el camión
 Colegio del Ancho
Industria de cofines de los Lifantes

La emulsión de los carretes que ahora nos donan generosamente tanto él como su familia, nos permite reencontrarnos y descubrir de nuevo como fuimos. Nos devuelve una mirada retrospectiva a nosotros mismos, a nuestros orígenes. Nos regala en definitiva una muestra de nuestra propia identidad.
Constituye su legado además un inmenso fondo de material para el estudio etnográfico de nuestro pasado más reciente; pero a la vez, para el disfrute de la melodía poética que subyace en sus imágenes y que solo un profundo conocedor del alma de su pueblo sabe captar.
Po todo ello, no puedo decirlo ni más claro ni más alto: ¡Gracias José Antonio por tu regalo! Gracias también a su familia por desprenderse de esa parte de su herencia que, desde mañana, también es mía y de todos los jumillanos. ¡Gracias también a vosotros por compartirla!

3 comentarios :

  1. Anónimo28/1/15 8:42

    Y, ¿se puede acceder a ese archivo de fotografías? Siempre he querido tener alguna de mi padre en el colegio de D. José Yagüe... y tal vez José Antonio Tomás fuera el fotógrafo que inmortalizara alguno de aquellos momentos.

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    1. El archivo es municipal y su cesión la hizo el fotógrafo y sus herederos con esa condición. Ocurre ahora que hay que digitalizar, catalogar y clasificar sus imágenes y eso todavía (que sepamos), no está hecho, por tanto aún no está disponible al público en general.

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    2. El archivo es municipal y su cesión la hizo el fotógrafo y sus herederos con esa condición. Ocurre ahora que hay que digitalizar, catalogar y clasificar sus imágenes y eso todavía (que sepamos), no está hecho, por tanto aún no está disponible al público en general.

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