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La nueva revolución social 5 oct. 2011 08:45 Plácido Guardiola Jiménez


«La punta del iceberg»
Se equivocan quienes piensan que esto de los movimientos de indignación es flor de un día, que con el tiempo se desvanecerá como niebla mañanera se desvanece poco a poco por si sola. Nunca en la historia de la humanidad una transformación tecnológica que se haya extendido trasformado todos los ámbitos de la producción ha dejado inermes las estructuras y la vida social. Sé que mi línea argumental es marxista; pero en este punto, el señor Carlos Marx era científico no ideólogo revolucionario, se limitaba a constatar que las estructuras económicas, productivas y tecnológicas están íntimamente imbricadas en el sistema social, cualquier cambio que se opera en ellas trasforma el sistema global.


Pues bien, estamos o hemos asistido a una de las tres grandes revoluciones tecnológicas de la historia de la humanidad (las otras dos fueron la agrícola en la revolución neolítica y la revolución industrial en el XVIII), si aquellas cambiaron las estructuras sociales, la mentalidad y la forma de vivir del ser humano, ésta revolución de las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación hará otro tanto.
En primer lugar la propia tecnología se ha convertido en un instrumento de relación humana y transformación de la vida pública. Lo acabamos de vivir en ésta primavera en varios países de oriente próximo. Donde la revolución de las redes sociales, ha terminado con dictaduras ampliamente consolidadas y apoyadas por los el poder internacional (EE.UU y UE). Allí las redes sociales, un elemento de estas tecnologías, se han convertido en un instrumento de la revolución social.
En los países desarrollados no tenemos dictaduras, pero tenemos un sistema democrático muy basado en herramientas de participación que han quedado obsoletas, los partidos políticos se han convertido en aparatos y oligarquías de poder dejando mucho que desear en cuanto a representación política. Los sindicatos,  responden más a la lucha de clases del la pasada revolución industrial que a instrumentos de defensa del trabajador (especialmente el que está en el paro). Todo ello, conduce a la pérdida de credibilidad y desafección ciudadana, quien comienza a percibir como estos viejos instrumentos de participación ciudadana no son válidos para la solución de sus problemas; sino que forman parte del problema mismo.
De ahí que, independiente mente del tiempo que se tarde (los viejos partidos no van a dejar el poder y perder la bicoca así por las buenas), el sistema de representación y participación ciudadana cambiara también en los países desarrollados. Los movimientos de los llamados indignados junto otros que surgen por doquier, son hoy la punta del iceberg de lo que se nos viene inevitablemente encima. Eso, aun cuando quienes detentan en la actualidad el Poder miren para otro lado.

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