El parasitismo es un proceso que se da en todo medio ambiente, también en el político, mediante este una especie termina aprovechándose para su propia supervivencia de alguna cualidad que posee otra cubriendo así sus necesidades vitales. Necesariamente necesita de alguna cualidad que posee el anfitrión que le permita el cobijo y hospedaje.
«La casta seguirá endémica, agarrada a los nutrientes de la ciudadanía, mientras pueda adherirse a las raíces de la indiferencia ciudadana, a su atonía política, a su desinterés público »
La llamada casta política, tan hondamente desarrollada y extendida en todas nuestras administraciones públicas, ha sabido aprovechar una característica básica de la especie ciudadana para instalarse y medrar a costa de ella. Esa característica básica ha permitido perpetuarse y extenderse a la Casta no es otra que el pasotismo de la propia ciudadanía, el mirar para otro lado como si con ellos no fuese la cosa.A la casta y la corrupción del ecosistema político no se le combate con nuevas leyes, con soluciones mágicas o con nuevos grupos políticos, esos que ahora emergen capitalizando el hastío y cabreo de la ciudadanía. Su erradicación pasa por eliminar la cualidad especifica que ha permitido arraigarse a este invasor; la indiferencia ciudadana.
La casta seguirá endémica, agarrada a los nutrientes de la ciudadanía, mientras pueda adherirse a las raíces de la indiferencia ciudadana, a su atonía política, a su desinterés público. Si queremos eliminarla y con ello también la podredumbre de corrupción que genera en nuestros organismos públicos, sólo cabe quitarle el caldo de cultivo que le permite vivir y desarrollarse entre nosotros.
«Sólo la participación ciudadana, la exigencia de rendición de cuentas y la solicitud de información por parte de ésta son remedios eficaces que impiden al parásito cobijarse ... »
Sólo la participación ciudadana, la exigencia de rendición de cuentas y la solicitud de información por parte de ésta son remedios eficaces que impiden al parásito cobijarse y vivir a expensas de los ciudadanos.La casta como especie que se hospeda entre nosotros no tiene una cualidad especial o especifica que la haga superior, ni siquiera especialmente agresiva. Ella como todo parásito interpreta las debilidades del posible anfitrión, si este se lo permite y facilita, se aferra a él y vive sin esfuerzo a su costa. La supervicencia y la optimización de la energía y recursos consumidos para la misma son leyes naturales que se extienden por doquier entre todos los seres vivos. En origen ninguna especie surge siendo parásita o anfitriona, son los ecosistemas y la relación con otras en la lucha por la supervivencia quien les hace y permite adoptar un principio u otro como estrategia de supervivencia.
Entre las especies parásitas más voraces, la casta lo es, ambos principios los llevan hasta el extremo, es decir, la muerte del anfitrión y por tanto, su propia extinción. De ahí que, si la ciudadanía no da un paso al frente, no cambia de actitud, su huésped (la casta), lejos de desaparecer terminará con el hospedador hasta su último aliento de vida. Hoy nuestra sociedad civil está agonizante, en los últimos alientos desesperados por desalojar este huésped indeseado que se aferra a los conductos vitales del tejido de su organismo.
Debe también la ciudadanía desterrar otro mecanismo que es aprovechado por su indeseado huésped, me refiero al cerrilismo que defiende monolíticamente las bondades de quien considera de su color frente a los del color contrario, pues el parasitismo no entiende de colores, se da en todo huésped dispuesto a medrar y no le importa adoptar los colores que le sean más convenientes para hacerlo. Da igual que sea azul o rojo, verde o amarillo. El color para estos malditos huéspedes da igual sólo es cuestión de apariencia y camuflaje que les permita instalarse cómodamente y vivir a expensas del incauto ciudadano.
















