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LA CLANDESTINIDAD O LOS CUATROCIENTOS GOLPES 6 abr. 2009 01:08 Bartolomé Medina

La clandestinidad aparece en los tiempos de carestía, en las épocas bajas, cuando la catadura moral de las personas deja de importar. La clandestinidad nos huele y nos busca, arrastrándonos tras la almena para que el viento de la meseta no nos mueva. La clandestinidad nos esconde y nos corrompe mientras el temporal arrecia.

Hace un par de días, lo comentaba Plácido Guardiola, se inauguraba un monumento en Jumilla, un homenaje al nazareno, de una forma aparentemente clandestina, a pesar de que la obra no dejaba de tener mérito. Unos pocos parroquianos y los consabidos micrófonos asistían al evento junto a un sórdido indicio de clandestinidad: el Corralito. Por la tarde, un Cristo a medias desenclavado paseaba por Jumilla en un Via Crucis lucido, regenerado y que presentaba las excelencias de nuestra imaginería (al cabo, obra escultórica como la inaugurada por la mañana). Al día siguiente, en un ritual que se repite todos los años, los jumillanos consultaban la prensa diaria. Efectivamente, este año tampoco ha fallado la previsión; en el periódico de más tirada e influencia de la Región volvían a ningunear el buen nombre de la ciudad y pasaban por alto los dos acontecimientos, sin duda de relevancia, que ofrecía el Viernes de Dolores jumillano. Parecía, sí, que La Verdad de Murcia quería relegarnos a la clandestinidad o dejarnos aparcados en el ancho parking de la noticia amarilla, de la mala noticia... Ya sé, ya sé; las buenas noticias no son rentables, pero es que yo, como otros, sólo quiero a este diario centralista y correctísimo hasta la extenuación y el aburrimiento para que me haga buena propaganda. Lo demás no me importa, para lo demás ya tengo internet y la mala boca de mis congéneres.

Aparecía en cambio una noticia sorprendente. Nada menos que cuatrocientas toneladas de tomillo y romero habían sido arrancadas ilegalmente en nuestro término municipal. Las fuerzas de seguridad interceptaron el cargamento cuando iba a ser trnsportado en diecinueve trailers con destino a distintas fábricas de perfumes. Supongo que no había otro día para lanzar tan alagüeña información. Vamos, que no dudo de que la noticia más importante del día fuera este tenebroso atentado a nuestros montes que recuerda a las peores etapas de la postguerra. No dudo de que fuera así, ya os digo, compañeros bausanes y rendrijeros devotos. Porque, al fin y al cabo, ¿no era ésta una noticia de la clandestinidad?

Reflexiono sobre ambos acontecimientos: la extraña inauguración, que es el reflejo de un conflicto sordo y oculto que debería haber cesado; el enorme expolio, que es fruto directo de dos viejos compañeros de la clandestinidad, del estraperlo y de la estafa.

La miseria y el hambre.

¿Cómo es posible que desaparezcan de nuestros montes agostados cuatrocientas toneladas y lo que eso significa en medida de capacidad, en volumen, en litros? ¿Alguien es remotamente consciente de la cantidad de hectáreas que hay que peinar para acumular semejante peso? ¿Hacia donde miraban, mientras tanto, los que tenían que mirar? ¿Hicieron la vista gorda por no desgraciar más a los que ya eran desgraciados? O es que simplemente nadie se enteró hasta el último día. ¿Y qué va a ocurrir con ese cargamento? ¿Se quemará, se destruirá la mercancía, como ocurre con la droga? O se venderá y los beneficios serán destinados a financiar la repoblación de los montes. ¿Los ladrones pagarán su culpa con carcel o con servicios a la comunidad replantando matas arrancadas de raiz? No deja tampoco de resultarme extraño que esta noticia ocupe el minúsculo, precioso y ninguneado sitio que La Verdad nos reserva como por caridad y no sea portada indiscutible en los medios locales.

Después de mucho meditar he llegado a una conclusión. Es cierto que esas cuatrocientas toneladas podrían haber salido a la luz mediática cualquier otro día y haberse reservado el Viernes de Dolores para reflejar los fastos, pero... quizá la redacción de La Verdad ha entendido el trasfondo de tema. Quizá haya avistado los primeros coletazos de la Clandestinidad, así, con mayúsculas, que ya metastatiza en sitios tan dispares. Si es así, no está de más que nos sirva de aviso.

Miseria y hambre.

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