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Televisiones autonómicas 8 nov. 2013 14:48 Plácido Guardiola Jiménez

«¿Hasta cuándo perdurará esta sangría?»


Uno de los efectos beneficiosos, si es que puede haber alguno, de esta crisis económica que padecemos es que pone muchas cosas en su sitio. Es verdad que nuestra clase dirigente, política de gobierno o como narices quieran llamarla (yo me inclino por casta política), se resiste por todos los medios a asumir sus consecuencias. Recortan a todo el mundo, nos hacen pasar las de Caín; pero tras casi cinco años, todavía no vemos que los recortes afecten a todo aquello que directamente a ellos compete, tampoco a sus allegados y acólitos.
Esta semana, por fin, hemos asistido al cierre de uno de los despilfarros califales a que nos somete esta gentuza. Me refiero claro está al cierre de Canal Nou de la televisión valenciana. Un gesto valiente dicen algunos, para mí, simplemente que se dieron de bruces contra una dura y cruel realidad: no era posible, no es viable y además un despilfarro injustificado e innecesario. El resto, mientras tanto erre que erre subidos en burro de sus televisiones autonómicas siguen acumulando deuda.
Si las televisiones autonómicas nos cuestan 880 millones de euros al año y alcanzan un 8,6% de cuota de pantalla, quiere decir que; para que algo menos de uno de cada diez españoles vea la magnánima programación que emiten, los otros 9,14 españoles que ni les importa, ni interesa lo más mínimo ese canal (no lo ven nunca), se les debe detraer de sus impuestos 191,5 euros (21 euros por barba), para un servicio público que más del noventa por ciento ni quiere, ni desea, ni demanda.
Sin embargo, nuestros califas particulares, han venido invirtiendo (y siguen todos menos ahora Valencia), en su juguetito dinero, empeñados en no deshacerse de él bajo ningún concepto, y ello, a pesar de que a todas luces necesitamos ese dinero para otros fines más prioritario.
¿Cómo es posible? ¿Qué puede explicar y motivar tan pertinaz y constante empecinamiento de la casta?

  1. Las televisiones autonómicas se han creado para mayor gloria, lustre y esplendor del partido gobernante de turno y el califilla regional oportuno. Al mismo tiempo, colocan a unos cuantos periodistas de su vara y cuerda que se encargarán de dar buen lustre a cuanto hagan ganándose “honradamente” el pan que llevan a sus casas.
  2. Los políticos de nuestra casta, son tan incultos, tan poco leídos en materia de medios de comunicación que ignoran el que desde mediados de los 60 la sociología y psicología social ha desterrado como verdad científica que la influencia de los mass media funcione bajo la teoría de la bala mágica, o también conocida como aguja hipodérmica. Es decir, que como si se tratase de una jeringuilla a través de la cual se pueda inocular las ideas o concepciones que al dueño del medio le interesen. No, estos señores no terminan de enterarse que la cosa es más compleja y que cada día es más difícil hacer eso con la irrupción de tecnologías como Internet. Siguen en la creencia de que la caja tonta, funciona, nos aturde y terminamos votándoles. Si bien es verdad que, en ocasiones, me siento tentado a pensar que en España todavía las cosas funcionan aquí como si de la década de los 30/40 del pasado siglo se tratase.

Pero no, en definitiva lo hacen porque les gusta mirarse el ombligo, dar el mensaje de fin de año como si del rey de su particular taifa se tratase. Les permite colocar aduladores, verse y tener interminables minutos de gloria en sus pequeñas pantallas, salir a todas horas en la foto y cultivar su ego provinciano al límite.
En lo personal me parecería bien, cada cual puede dedicar sus esfuerzos en aquello que estime y le haga feliz ¡Pero leches! que lo hagan con su dinero no con el mío.

1 comentario :

  1. La sangría perdurará mientras que la mayoría siga votando al PP y al PSOE. Ocurre con las teles autonómicas, salvo que sea imposible seguir pagando, como ha ocurrido en Valencia, la enseñanza, los aeropuertos provinciales y con todo lo derivado de la fragmentación del Estado y de las responsabilidades. El daño es irreparable, porque como decía Sánchez Ferlosio en 1978, "¡vaya usted ahora a hacer bayeta y trapos de cocina con todos los pendones y banderas que en este medio tiempo se han alzado y esgrimido!"

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