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El Macero de los armaos 28 jul. 2013 18:55 Plácido Guardiola Jiménez

«El hombre que iluminaba al Cristo»



El pasado viernes fallecía en nuestra localidad Juan Tomás, «Juanito», como le conocían sus amigos. Conocido sobre todo porque, durante muchos años, ha sido el macero de los armaos. Lo fue siempre, hasta que su hijo Isidoro Tomás, comenzara a sustituirle cada vez con mayor asiduidad allá por los años 70.
En la vida del macero Juan Tomás, han habido dos pasiones: el Cristo (especialmente su sección de armaos) y la Cámara, me refiero a la extinta CAM, surgida de la vieja y querida Cámara Agrícola de Jumilla, después Caja de Ahorros del Sureste de la que fue empleado en su vida laboral.
Gracias a su primera pasión, la de los armaos, tuve conciencia de la existencia de Juan, cuando en 1971 se remozaron los trajes de las palomas. Por entonces, unos cuantos jovenzuelos, compañeros de su hijo Isidoro, nos dio por salir con la Paloma. Recuerdo a Juan detrás de nosotros para mandarnos a casa de la mujer que cosía los uniformes, a fin de que nos hiciera las pruebas pertinentes.
Después con los años, mi afición a la fotografía me llevaba irremediablemente a tropezar necesariamente con él cada Viernes Santo por la mañana en la formación de la procesión. De forma inexorable, año tras año, incluso en los tres últimos (ya en silla de ruedas), no faltaba a ésta cita. De forma que, el próximo año, me costará entender que él no ande deambulando por las inmediaciones de la Parroquia del Salvador. Creo que siempre lo recordaré ultimando algún detalle en el estandarte, en el traje de algún armao, en el trono del Cristo o dando alguna instrucción a cualquier hermano de la cofradía.
De la infancia guardo otra imagen indeleble de Juan Tomás, en aquellos años el era operador de cine en el Cine Moderno, lo que le permitía en la tarde noche de Domingo de Ramos girar una de las cámaras de cine que había en la garita de proyección e iluminar con su haz de luz el Cristo de la Columna, desde la enológica hasta llegar a la misma esquina con Barón del Solar. Como quiera que esos haces de luz eran los mismos que nos sumergían en el mundo de la fantasía del cine, puedo asegurarles que aquella entrada del Cristo en este tramo de la Avenida de la Asunción iluminado por la cámara de Juanito, daba a la entrada de nuestro Amarrado un halo mágico lleno de encanto.
Por todo ello creía de niño que las personas como Juan, tenían algún trato de favor con el Altísimo, de adulto comprendes que ante la llamada al más allá no hay títulos ni recomendaciones que valgan; sin embargo, me imagino la entrada de Juan en el paraíso iluminado por algún ángel operador de cámara que querrá devolverle así la magia con la que a muchos niños nos hacía soñar cuando el iluminaba la entrada del Cristo.
De imaginarte Juan, te imagino enredando y desenredando el caracol infinito de la eternidad. Contigo, como con todos aquellos que nos dejan, se van parte de nuestros sueños y de nuestro imaginario.

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