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El valor de las cosas 12 jun. 2012 13:52 Plácido Guardiola Jiménez

«El origen de la riqueza»


Si hoy hemos llegado donde estamos es fundamentalmente porque unos ( liberales o neoliberales), y otros (socialistas) olvidaron el pensamiento y filosofía que subyace en las ideologías que dicen defender.
Adam Smith, considerado el teórico del liberalismo económico dejó escrito en su libro «La riqueza de las naciones» la siguiente descripción del valor de las cosas y la riqueza: «…el trabajo, no variante nunca de su propio valor, es la única medida real y definitiva que puede servir, en cualquier tiempo y en cualquier lugar, para valorar y comparar el valor de todas las mercancías», eso aun cuando distinguía entre valor de uso y valor de mercado. Más tarde también Karl Marx , en su obra cumbre «El capital», retomó está idea de smith acerca del valor y la llevó hasta el extremo matizando que: «…Una característica intrínseca del trabajo es producir, crear, transformar, pero el hecho de que el valor de las mercancías se mida por el tiempo de trabajo empleado en ellas se debe a la estructura social y las relaciones sociales de producción». Así pues, aunque este último no quería ni oír hablar del valor de valor de mercado, ni de considerar los bienes como mercancía, basaba como Smith la riqueza en el trabajo.
Pero en estos años del llamado boom inmobiliario todos olvidaron que la auténtica fuente de riqueza de las naciones era esa, el trabajo. Empresarios de la construcción y particulares vieron en el galopante precio de la vivienda el origen más seguro para invertir su dinero y si carecían de él lo pedían prestado a los bancos. Lo vieron también notarios, registradores de la propiedad ayuntamientos, y administración que recogían por esta vía ingentes cantidades de dinero y viendo aumentar un 50% anual sus ingresos. A ese panal de rico negocio contribuyeron los bancos que mientras cobraban  los intereses  de créditos hipotecarios sobre suelos y fincas urbanas veían doblar su valor nominal sobre la primitiva valoración inicial en menos de tres años, que importaba conceder crédito por el 100% del importe, podían dar hasta el 120 o el 130% el negocio estaba asegurado, el precio del bien se triplicaba.
Todos olvidaron las viejas enseñanzas de los clásicos y creyendo que la riqueza era fruto de excelentes pelotazos, el dinero corría fácil y era de tontos no entrar en el juego. Todos, absolutamente todos;  administración, bancos, agentes de bolsa, notarios, registradores y particulares picaban el rico pastel.
Ahora, la crisis, nos vuelve a la cruda realidad, las cosas tienen el valor que tienen; es decir, el equivalente al pago del trabajo que cuesta producirlas, más el del justo beneficio de quienes intervienen en su venta y distribución. Si inflamos dicho valor, lo podremos hacer un tiempo; pero tarde o temprano, tendremos que desinflarlo. De no hacerlo, la burbuja estallará en nuestras narices.
Lo grave, lo injusto es que no todos libaron de la rico néctar y, ahora, se quiere que ellos también paguen el empacho que otros se dieron de dulce miel.

1 comentario :

  1. Y es por eso que hacer dinero con el dinero no tiene ni pies ni cabeza, y por mucho que se intenten hacer las cosas bien (que no se hacen), hacer dinero con el dinero sólo conlleva a situaciones tan desastrosas como la que vivimos ahora mismo.

    Si el valor se basa en el trabajo, ¿por qué no hacemos que las cosas se paguen con las horas de trabajo realizadas? Ya que el dinero se puede robar, falsificar, ... pero el trabajo realizado no.

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