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Perder credibilidad 16 abr. 2012 15:43 Plácido Guardiola Jiménez

«Un año terribilis» 



Con la que nos está cayendo en estos tiempos, no es conveniente ni necesitamos, que una de las pocas instituciones que gozaban de cierta credibilidad se nos vaya a pique. A nuestra institución monárquica parece estar gafada. Si para la reina de Inglaterra hubo un año «Horribilis» para nuestra corona el presente debe ser «Terribilis». No ha salido de una y ya está en otra, comenzó la cosa con el yerno, ha continuado con el nieto y ahora, para colmo de males y como colofón digno de figurar en el guiness de los gafes, viene el monarca a romperse la cadera nada menos que un 14 de Abril (ya es mala pata que coincida con la programación de la república); pero que encima sea cazando elefantes en Botsuana, lo tolera muy mal la opinión pública.
Primero porque lo de matar animalicos está mal, pero que muy mal visto dentro de lo políticamente correcto. Después porque aunque estos elefantes sean de crianza para disfrute de magnates que pagan una fortuna que oscila entre 20 y 50 mil euros por derribarlos, en estos tiempos de crisis donde todos debemos apretarnos el cinturón, no se entiende muy bien que el Jefe del Estado ande metido en esos lances.
Si una monarquía tiene sentido, si debe ser algo, es ejemplar y, con éstas cosas, no está dando precisamente buen ejemplo.

2 comentarios :

  1. Recordando las palabras del jefe del estado en su discurso de navidad: “Las personas con responsabilidades públicas, tenemos el deber de observar un comportamiento adecuado, un comportamiento ejemplar”.

    No puedo estar más de acuerdo. Y acorde con esa filosofía de ejercer una ejemplaridad pública, dudo mucho que gastarse 36.000 € en una cacería de elefantes sea predicar con el ejemplo. Sobre todo teniendo en cuenta la que nos esta cayendo encima. Sumemosle ahora el dinero del jet privado para su desplazamiento y gastos médicos asociados. El capricho del Borbón nos ha salido por un pico.

    Pero lo grave no es ni el dinero, ni la inmoralidad de pagar por matar a un animal en peligro de extinción, por muy criando en granjas para dicho propósito que esté. Creo que lo grave estriba en la opacidad y desfachatez con la que opera la casa real (¿y si no se hubiera caído?) y la pérdida de credibilidad de un monarca cuya función principal es servir de ejemplo ante su pueblo.

    Sin embargo, esto no deja de ser la anécdota, lo extravagante de la institución monárquica. El problema reside en la sociedad española. Mientras mayoritariamente no reconozcamos como carente de toda razón, lógica y justicia, el hecho de que una familia monopolice la jefatura del estado, demostraremos (con otro argumento más) ser una sociedad corrompida y poco madura.

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  2. Los políticos deberían aprender que lo que no se puede decir no se debe hacer.

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