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Historias del viejo Madrid III 3 ene. 2012 12:30 El Rendrijero de Jumilla

 «El viejo lhardy»

Si iniciamos la calle Carrera de San Jerónimo desde la céntrica Puerta de Sol, en un breve paseo topamos con el establecimiento de Lhardy, fundado en una fecha tan temprana como 1839. Ya en 1842 figuraba en el Diccionario geográfico estadístico histórico de Madoz.
Lhardy es restaurante y tienda de delicatessen lo ha sido siempre, abierto como pastelería en su día, paulatinamente fue sirviendo comidas y servicio de catering de alto standing a hoteles y celebraciones de la alta sociedad. Hoy conserva una tienda pastelería donde comprar excelentes productos y un restaurante con varios salones. Los fogones de su cocina han sido pregonados con excelentes críticas gastronómicas y el local ha pasado a ser referencia en la literatura española y universal.
Alexandre Dumas comió en su restaurante al que menciona en su periplo por España. D. Benito Pérez-Galdos dice de él: «vino a Madrid a poner corbata blanca a los bollos de tahona». Azorín dice «No podemos imaginar Madrid sin Lhardy». Finalmente, al más actual Francisco Umbral, hace la siguiente referencia al local: «Unos conspiran en las tabernas y otros conspiran en Lhardy. Se empieza en los tabernáculos obreros de Vallecas y se acaba dando una cena en Lhardy, porque todo el secreto de la vida nacional está en saltar de la taberna obrerista a Lhardy».


Lhardy, por tanto, no necesita que haga de él ningún elogio y comentario, yas hay suficiente información sobre el en cualquier parte incluida la Wikipedia, pero lo que quizas no sepan algunos es que por menos dediez euros se puede entrar al local y degustar en situ algunas de sus delicias en pastelería, un té o probar su famoso caldo de carne. Si nos estiramos un poco más el bolsillo, en su tienda encontraremos desde cabeza de jabalí, fiambres como pavo trufado u hojaldres, amen de pasteles y pastas de todo tipo para llevar y regalar. Todo ello, a la vez que disfrutaremos de un local que conserva el encanto propio de su época, comenzando por su fachada de entrada, toda ella en madera de caoba antillana.
Lo dicho, si van a Madrid, no se pierdan una visita a este singular establecimiento.

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