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Reformar la Constitución 10 dic. 2009 09:17 Plácido Guardiola Jiménez

«La reforma silenciosa»

Durante estos días de conmemoración del treinta y un aniversario de nuestra Carta Magna han sido muchos los medios de comunicación que han lanzado en sus páginas la pregunta de si ha llegado la hora de reformar alguno de sus artículos. También lo hicimos en el «El Rendrijero», al igual que Antena-3 y otras muchas páginas, en todas ellas, la mayoría de los ciudadanos opinan que debe reformarse. Sin embargo, aunque deba quizá no estemos en el mejor momento para hacerlo por lo inapropiado de las circunstancias y no me refiero a las económicas, sino a las políticas.
La grandeza de esta Constitución fue la generosidad con la que los llamados padres de la Constitución elaboraron su articulado. Una generosidad que les condujo a dejar aparcado aquello que les diferenciaba, renunciando todos a parte de lo que querían, en aras del entendimiento y el logro de aquello a lo que aspiraban una España más justa y Democrática. Es una lástima pero en los políticos actuales, tampoco en nuestra sociedad, parece quedar mucho de aquel espíritu conciliador, más bien al contrario sacamos a airear nuestras diferencias, reñimos por ellas y cada día agrandamos el abismo que nos separa. En este clima, una reforma constitucional difícilmente proporcionaría el marco legal necesario para seguir construyendo un futuro prometedor. De ahí que piense que, a pasar de que creo que hay que reformarla, no sea el momento.
Mientras tanto, el desarrollo legislativo de nuestro parlamento, está haciendo una reforma encubierta. Por nuestras cámaras legislativas han pasado y se han aprobado estatutos autonómicos que suponen una alteración en el texto constitucional de tal magnitud que estamos asistiendo a lo que denomino una «Reforma encubierta». No me refiero en exclusiva al Estatut de Cataluña, todavía sujeto al veredicto del Tribunal Constitucional, me refiero al Valenciano, al Andaluz, al próximo Castellano Manchego y al resto de los que vendrán, pues todos ellos conducen a consagrar una forma de Estado donde un ciudadano nacido en Zamora gozará de distintos derechos y deberes que otro nacido en Murcia. A esto me refiero.

2 comentarios :

  1. vivimos en un mundo donde hay gente de distinto color de piel nacionalidad ,lengua, religion, ideologias, y no pasa nada, salvo que los de siempre intenten salvarnos a tiros, el tribunal de estrasbugo ha dado legitimidad a las bodas gitanas segun sus costumbres, ya tenemos otra forma legal de casarnos en España y europa que no teniamos
    no veo ningun problema en las diferencias entre españoles ahora que a lo mejor otros cren que se va a romper el imperio de destino en lo universal y no se lo toman tan biem como yo

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  2. La causa de las "singularidades" autonómicas es el caciquismo tradicional español, sistema político que consiste en un pacto mediante el que el poder local hace el acarreo de votos al poder central y éste le concede manga ancha para que gobierne su autonomía a su antojo con las singularidades y la apelación a las esencias locales convenientes para afianzar el poder local y el acarreo de votos para el poder central.

    De lo anterior pueden resultar diferencia de derechos entre los ciudadanos, como señala Plácido, y eso es grave. Las diferencias de raza, religión, etc. son irrelevantes.

    Con el fin de enriquecer el comentario del Anónimo anterior, no es imperio sino "unidad de destino en lo universal"

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