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Una España sin quijotes 17 feb. 2014 15:01 Plácido Guardiola Jiménez

«Los Sanchopanzas»

Quijote

En España hace mucho que escasea una de las dos personalidades básicas que en otro tiempo forjaran el carácter nacional; me refiero a la quijotesca y abundan por doquier los Sanchopanzas. El caso es tan agudo que de tener que escribir hoy D. Miguel de Cervantes Saavedra de nuevo su novela de caballería en el título rezaría D. Sancho de la Mancha y es impensable qué compañero de andanzas y desventura habría de ponerle.
Sancho, de por si, es acomodaticio y buena persona. Huye de los líos y problemas que la vida le pueda deparar y busca la forma más rápida y segura de llenar su panza y cubrir el expediente. De ahí que sólo le rebelan los asuntos que afectan directamente a su peculio y siempre que no exista otra solución.
Sancho tiene una rara habilidad para salir indemne de las situaciones con un gran sentido práctico que le permite sortear las dificultades y cumplir de la forma más fácil lo que se espera de él en toda situación. No cree en entelequias, miras mayores ni asume deberes que vayan más allá de su confortabilidad; por eso nunca lo verán desfaciendo entuertos ni poniendo en peligro su integridad por ayudar al desvalido. Lo suyo es el día a día, entendiendo que el sagrado principio de amar al prójimo como a ti mismo comienza y termina precisamente en ese final, el de amarse así mismo.
Locuaz, bonachón, simpático y dicharachero son cualidades que hacen de él una persona afable y graciosa en la conversación de la sobremesa o en la tertulia de la taberna; pero fuera de ahí, no pronunciara jamás una palabra más alta que otra ni a favor ni en contra de nada y mucho menos que pueda comprometerle. Sancho en realidad es un tipo feliz con el mundo que le rodea y también consigo mismo, pues en la España de hoy los sanchos ha mucho que enteraron a su compañero de aventuras Alonso Quijano.

2 comentarios :

  1. Describes bien la figura del españosancho; pero para dibujar bien la figura de este simpático personaje convendría añadir un detalle que considero relevante: cada ocho o diez capítulos a Sancho le miden las costillas y las espaldas a palos. De la misma manera, nuestro espeñosanchoes es apaleado periódicamente sin piedad: cuando termina sus estudios y tarda dos años en encontrar trabajo; cuando a los cuarentaicinco años se encuentra en el paro; cuando tiene que cerrar su negocio porque no le da para pagar los impuestos, el alquiler y el recibo de la luz... Al igual que a Sancho, una vez los yangüeses, otra los de la venta o los criados de los duques, al españosancho vuelven a medirle las espaldas con la vara, a despecho de la alta consideración en que a sí mismo se tiene.

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  2. Me parece muy acertada tu actualización, ese detalle se me pasó; pero ahora que lo dices, creo que es verdad.
    Además vine que ni pintado si pensamos que, seguramente, nos merecemos esas pasadas de vara que nos muelen las costillas, precisamente por no ser quijotes..

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