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El centro ideológico 22 ene 2014 14:32 Placido Guardiola

«El problema del centro»


En el inicio de nuestra democracia Martín Villa, entonces Ministro de Gobernación con en el gobierno de UCD, sostenía que España era de centro y quien dominase el centro ideológico ganaría las elecciones. Si nos atenemos a las sucesivas veces que en las encuestas del CIS ha solicitado a los españoles que se ubiquen ideológicamente en una escala de 1 a 10 donde el valor más bajo significa sentirse de Izquierdas y el más alto sentirse de Derechas, un tercio de ellos se ubica en torno a los valores centrales (5-6), no llega a uno de cada diez se declara de Izquierdas (con valores 1-2) frente a no llega de cada 20 que se declara abiertamente de derechas (valores 9-10).
Por tanto el espectro político nacional nos queda bastante definido cuando uno de cada tres españoles aproximadamente se consideran de Centro-Centro, cerca de un 25% que se sitúan en el Centro-Izquierda y otro grupo entorno al 10% que se declaran de Centro Derecha.
En nuestro país, tendríamos unos ciudadanos ideológicamente algo escorados al Centro Izquierda, donde a sus extremos queda algo más definida la Izquierda que la Derecha, pero donde la clave que da la mayoría y la llave del poder está en el mismísimo centro ideológico.
De ahí que, los dos grandes aparatos en búsqueda del poder PP y PSOE, encuentren sus dificultades a la hora de conducirse por la carretera electoral. De etas dos grandes formaciones a priori cabria pensar que el PSOE lo tenga más fácil al tener un mayor colchón de votantes cercanos (el Centro-Izquierda), que supera en casi 10 puntos al de Centro Derecha. Sin embrago, si se escora a la Izquierda enseguida topa con un grupo bastante bien definido que estaría representado por IU quienes, llegado el caso, preferirán votar IU como verdaderos representantes de su ideología.
En otras palabras, con escaso margen de diferencia ambos partidos se ven obligados a circular por la línea central, desplazando un poco el aparato hacia el centro Izquierda con los problemas que ello les acarrea a ambos. Cuando el desplazamiento lo hace el PSOE pierde más votos por el centro de los que logra arrebatar a IU; cuando lo hace el PP, no pierde tanto por el centro (ya que levanta menos sospechas en los electores de ser izquierdoso), pero se le revelan los más fieles.
El difícil equilibrio de ambas formaciones, en la práctica, se traduce en la ausencia de políticas diferentes entre ellas a pesar de que en su discurso parecen tener rasgos ideológicos contrapuestos. En lo esencial, el cómo administran, ambos hacen lo mismo.
Estos días, a raíz del proyecto sobre el aborto de Gallardón, asistimos a una de esas inestabilidades que se producen cuando estos aparatos de poder se apartan de la línea central. Con independencia de que se contemplase o no en su programa electoral, el proyecto de ley parece escorarse al gusto del espectro más conservador del electorado del PP, lo que pone de los nervios a quienes desde posturas menos conservadoras saben que no pueden perder el centro electoral.

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