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De cada casa el peor 16 ago. 2013 14:38 Plácido Guardiola Jiménez

«La procesión de San Roque»



En la relación Geográfico Histórica de los pueblos de España que Felipe II ordenó en 1577 y que se conserva en el Escorial, consta que los vecinos de Jumilla:  «…tienen votado no comer carne perpetuísimamente ningún miércoles de cada semana por causas y deboción de la peste y es negocio notable por primsión divina que después que se botó, que a más de sesenta años, no se ha visto jamás pestilencia ni otra enfermedad contagiosa».
Con el paso de los años y libres de epidemias, el pueblo comenzó a olvidar su promesa, y a talesextremos llegó la falta de vigor de la vigilia de los miércoles entre los vecinos que, ya finalizando casi el siglo XVI allá por el año 1592 tuvo que e intervenir el obispado de Cartagena y el mismísimo Consejo del Rey nuestro señor, a fin de conmutar la solemne promesa. Por lo cual el tres de abril de 1592 con la dispensa papal correspondiente el Obispo concluyó: «… que el día de San Roque de cada año, para siempre jamás, hagan en dicho lugar una procesión que vaya desde la Iglesia a la ermita de San Sebastián de la dicha villa y vuelvan a la iglesia a decir los divinos oficios, los cuales digan con mucha solemnidad, y les obligemos a cumplir esto con la misma obligación que tenían que cumplir dicho voto, y les mandamos que lo cumplan a todos que se hallen en la dicha procesión, y por lo menos uno de cada casa».
De ahí que, la condición sine qua non,  que ordenaba la cédula pastoral al vecindario de Jumilla sea el asistir al menos uno de cada casa a la procesión de San Roque. Con el discurrir de los años se decía que a ella acudían “el peor de cada casa”*
Esta mañana, como es costumbre, se celebró la tradicional procesión de San Roque, sin músicas ni alboroques. Discurrió solemne, sencilla, íntima y en oración por el recorrido habitual. Es esta una procesión sencilla cuyo protocolo y formas guarda el canon de antaño; delante el guión abre paso a las dos filas de hombres que preceden al santo portado a hombros, tres él, el clero al que siguen las mujeres, cerrando el cortejo una cruz. En su recorrido, oraciones y letanías.


Cuando uno acude por segunda vez a la procesión de San Roque se da cuenta que está en un acto íntimo, familiar diría yo, las rostros que se dan cita un año tras otro, son los de siempre. Que por cierto, quedan muy lejos de cumplir el requisito de “uno de cada casa” . La luz de las primeras horas de la mañana, junto al respeto y solemnidad que le dan sus asiduos asistentes son seguramente su mejor encanto, en ella encontraremos siempre a sus habituales: Roque el de la CAM, Jose Maria el enterrador, Joaquín Cinco Duros, Verdú, Spiteri, V. Canicio… Las mujeres no las cito, ellas acuden en mayor número y me costaría más, pero también sus caras son las de todos los años. En definitiva, es verdad que no cumplimos nuestras promesas solemnes, pero que duda cabe que unos cuantos siguen cumpliendo a perpetuidad la solemne promesa del pueblo de Jumilla y nos salvan la cara a todos.
Siempre que asisto me digo lo mismo: qué facilidad tenemos para encontrar vestigios históricos para justificar cualquier antojo festero que se nos ocurre de momento, justo la misma con (1968) la que olvidamos auténticas promesas solemnes que éstas sí son tradición e historia.
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Guardiola Tomás, L. (1970) Jumilla en sus tradiciones, Comisión de Festejos y Turismo del Excmo. Ayuntamiento de Jumilla, Murcia

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