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Las formas y el respeto 22 ago. 2012 21:13 Plácido Guardiola Jiménez

«Cuando se pierden las formas»


Cuando oyes hablar a personas mayores (esas que lo jóvenes tildan de carrozas), es frecuente que en sus juicios sobre las causas de algunos de los males que aquejan en la actualidad a la sociedad salga la frase casi tópica de: «Se ha perdido el respeto». A su juicio, se perdió hacia los maestros, profesores, padres, personas mayores, por perderse el respeto, se ha perdido hasta el que gozaba la mismísima Guardia Civil.
Será porque el respeto ya no forma parte del currículo escolar, porque quizá olvidaron integrarlo en la Educación Cívica que restauro Zapatero, o porque realmente lo hemos perdido todos y no queremos tampoco encontrarlo. Sea como fuese esa cosa extraña hoy del respeto no aparece por parte alguna. Comienzo a pensar que, a éstas alturas, nadie esta interesado en que tal cosa vuelva o regrese.
Con el respeto se fueron las formas, seguramente porque ambas cosas estaban más estrechamente unidas de lo que nos pensábamos. Las formas, en cualquier manifestación pública estaban presentes, lo estaban en el vestir, donde nuestra edad, condición civil y situación decían todo de nuestra condición tanto social como humana. Las ropas hablaban de nuestra edad, de nuestro luto o nuestra condición social y laboral. Un viejo era un anciano de blusa y boina, una abuela andaba con el pañuelo a la cabeza, su delantal y la toquilla negra. De igual modo un viudo no vestía igual que un soltero y un niño igual que un joven, tampoco vestía igual un labrador que un jornalero o un simple administrativo; no digamos ya un señorito. Las formas en el vestir, eran como llevar el carnet de identidad puesto; ellas por si mismas, hablaban de tu situación y condición.
Cualquiera que hoy tenga más de treinta años aun recordara como vestían sus abuelas y abuelos y seguramente conservará en su memoria imágenes parecidas a la que les muestro. Imagen tomada a mediados de los años 80 y que hoy sería muy difícil tomar por no decir imposible.
No se que pensaran cada uno de ustedes; pero una anciana vestida de este modo particularmente a mi me infundía mucho respeto. Por otra parte sabemos por estudios sobre el comportamiento animal, que las formas en el cortejo, la defensa del territorio, etc.,  son fundamentales para ganarse el respeto del adversario. Cosa que, por cierto, evita conflictos mayores y regula bastante bien la siempre difícil convivencia.

3 comentarios :

  1. Hola Plácido. Cuando he leído este artículo, me he trasladado efectivamente a mi juventud, y la verdad es que así es como me gustaba esa Jumilla de antaño. Ha cambiado hasta el olor de sus calles...... Pero lo más triste es que la educación, también se ha transformado.... y no precisamente a mejor.... Un saludo. Blas Javier Guirao.

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    1. También me ocurre igual que a ti cuando lo pienso, pero está en nuestras manos intentar cambiarlo. Al menos debemos hacerlo

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  2. Entiendo que os guste que la gente se vista bien, y creo que no hay comparación en la mejora que se ha producido en ese aspecto. Puede que con mejor o peor gusto, pero para eso están los expertos, y no hay más que mirar a los diseñadores/as de la ropa deportiva de la selección olímpica española en Londres 2012.
    Lo de añorar los olores me llega al alma, seguro que recordáis el olor a cieno de las calles sin asfaltar o encementar, que se producía con la mezcla de las aguas estancadas con la tierra, estiércol de las mulas y las cabras, entre otras...
    El respeto a los mayores y a la educación, parece que no somos del mismo pueblo, o será que no hemos jugado en el mismo barrio, el barrio de la foto, creo que es La Cerica. Yo, y mis amigos que vivíamos cerca de la citada Cerica, teníamos miedo de pasar por esa zona, de hecho para subir al castillo, renunciamos a esa subida y buscamos otra alternativa, sinceramente tenía tanto miedo de los niños como de los adultos. Si exceptuamos la familia de Ginés, que seguro que conocerá Plácido, varias manzanas de casas no conocían a alguien que fuese al colegio después de los diez años, hasta la entrada de la EGB. Y si partimos que la educación es cosa de la escuela en su mayor parte, no hay comparación con la actualidad con una escolarización obligatoria hasta los dieciséis. Que la escuela no lo es todo también lo sabemos. Que hay de todo hoy en día también, pero no me comparéis con aquellos años de roña y pupas en las rodillas y los codos, de cabezas escalabras, y veranos en camiseta de tirantes, tirantes que muchas veces llegaban rotos a la casa, pues las peleas entre amigos eran cosa de rato si, rato también.
    Por supuesto que tengo añoranza de los olores pues era un niño y ahora soy casi abuelo, pero de eso a decir que quiero eso para mis nietos por lo de ahora, no, ni muchísimo menos. Crea que la educación reglada ha mejorado un montonazo, la educación en las casas también, siempre hay excepciones llamativas pero sinceramente si vivimos en el mundo, tenemos que vivir al día y mirando para el futuro con ilusión y al pasado con nostalgia.
    Me gusta mucho ver estas fotos antiguas, gracias por el regalo, perdona por el comentario tan largo pero no puedo, no puedo.... Elwoody

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