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El precio de una transición modélica 21 ago. 2012 10:49 Plácido Guardiola Jiménez

«Comprar la paz de los cementerios»



Los años, las decepciones, sorpresas y la experiencia acumulada de todo ello a lo largo del tiempo han venido a demostrarme que nada es gratis en esta vida. Hoy, al mirar hacia atrás y juzgar nuestra transición a la democracia, la que el mundo observó admirado calificándola de modélica; no se me antoja tan ejemplar como en su día pensaba.
Nuestra ejemplar transición, me parece ahora un cúmulo de cesiones sin importar si el precio y la pérdida de dignidad de lo cedido. Los pactos, que muchos reclaman en estos momentos de crisis; más que una cesión generosa en aras del entendimiento mutuo, fueron las más de las veces un cambalacheo que dejó plagada nuestra Carta Magna de lagunas y contradicciones insoslayables.
No, a la luz de las consecuencias que ahora padecemos de todo aquello, no me parece ni modélica ni ejemplar nuestra transición.
De entrada, en ella configuramos a base de cesiones a unos cuantos nacionalistas un futuro incierto como país cuyas consecuencias las veremos antes de final de año. Era el precio a la paz social y civil, el peaje a pagar; pero la pregunta es si se puede pagar cualquier precio por la paz, hasta convertir esta última en la paz de los cementerios y la indignidad. Las cesiones en otros campos como Educación, Religión, Trabajo, etc. las encontramos en las incoherencias y contradicciones de los artículos de nuestra Constitución que desarrolla esos campos. Especialmente en aquellos referidos a derechos, libertades y destino como pueblo.
Echando la vista atrás no me parece ahora un modelo de nada, sino de contentar a quien habría la boca sin importar las consecuencias y el precio que como pueblo deberíamos pagar en el futuro. En estos más de treinta años de democracia hemos seguido pasteleando, cediendo, montados en la España va bien, mirando para otro lado sin darnos cuenta que; como ahora ocurre con la solución de la crisis, sólo hacíamos que aplazar la solución de las cosas y esperar que en un mañana incierto se solucionen por si mismas.
En ocasiones hay que hacer concesiones sí; pero tienen un límite y ese lo marca la dignidad y aquello que es irrenunciable bajo cualquier circunstancia. Pero aquí cuando nos apuntaban con un arma, cuando nos horrorizaba la sangre derramada por inocentes, compramos las treguas y la paz definitiva. No se si ahora, cuando ETA se perfila como ganadora en las próximas elecciones en  las vascongadas, la tenemos. La cuestión es, qué clase de paz tendremos y tendrán en esos territorios los que no piensan como ellos.
La cuestión es, qué deriva llevaran las provincias catalanas si su actual presidente adelanta las elecciones convirtiéndolas en un plebiscito de independencia económica. Nos preocupa mucho el pan de hoy, el paro, sí pero… ¿Nos preocupa en la misma intensidad el de mañana, el destino de todos nosotros como pueblo?. Luis María Anson escribía ayer el El Mundo el artículo: «Rajoy, genuflexo ante los chantajistas»; pero el problema no es que el actual presidente lo este, que lo está. El problema es que todos los españoles lo estamos y nos da igual.

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