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Comprando tiempo 13 jun. 2012 14:27 Plácido Guardiola Jiménez

«Sin auténticas reformas no hay confianza»




Apreciamos el tiempo porque la vida en definitiva es la cantidad de tiempo del que disponemos en nuestra existencia. Pero el tiempo consiste en un continuo fluir del que somos ajenos, sólo compartimos un trecho de ese curso y no podemos retenerlo, avanzar o retroceder en ese tramo del su discurrir que forma parte de nuestra existencia. Seguramente por ello somos conscientes de su importancia.
El llamado rescate o como quiera que le llamemos, no es sino un intento de ganar tiempo, de que nos den un respiro, una posibilidad aplazada para pagar y resolver las deudas que ahora nos atenazan. En definitiva con el rescate se nos hace un préstamo más que nos ayuda a saltar este bache financiero, pero como todo préstamo no hace sino aumentar la deuda que ya tenemos. Es como si a una familia a punto de ser desahuciada de sus bienes por falta de pago alguien le proporciona un nuevo crédito, el que te niega todo el mundo, para con él pagar «in extremis» a los agentes del juzgado que vienen a ejecutarlo.
Es bueno si en este tiempo nuestra situación cambia, si comienza a generarse empleo y crecimiento económico de forma que, en los próximos meses, vamos regularizando nuestras deudas y pagos. Sin crecimiento económico es una nueva soga de ahorcado un perdonarnos hoy el desahucio que será más grande y estrepitoso mañana.
Podemos llamarle tomate, rescate, financiación puntual o como nos de la gana, podremos discutir si es bueno, malo, regular. Si es culpa de la gestión del anterior gobierno o del actual; pero digamos lo que digamos, su efecto es simple y sencillamente ganar algo de tiempo intentando ver si el horizonte se despeja.
Los mercados parecen no creen que sea la solución, de ahí que la prima de riesgo siga por las nubes, por donde seguirá hasta que nuestro país de confianza. En este sentido, nadie confiaría de un entrampado que aumenta su deuda todavía más con un nuevo préstamo. Eso es exactamente lo que acabamos de hacer y por eso la dichosa prima de riesgo sigue castigándonos.
Lo positivo es que hemos aplazado el posible desastre total un tiempo, pero eso no justifica el triunfalismo del Gobierno que, de no hacer nada serio para detener esta sangría, no se ganará la confianza de los mercados. Los límites de actuación si no quiere seguir este derrotero son muy estrechos, no puede recortar a los ya recortados ni ahorrar un céntimo más de la sanidad y educación; sin embargo tiene mucho tajo donde recortar entre las privilegios y chollos que disfruta su casta política y las diecisiete taifas del territorio nacional. Comprar tiempo sólo le vale para eso; pero no detiene su curso.

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