El Quiosco de Teo 26/12/2009 20:17 Plácido Guardiola Jiménez

«Recuerdos en mi memoria»

Alguna vez, en alguna parte, leí una vez que al final de nuestras vidas lo único que nos queda son los recuerdos de haber vivido. De ahí que la muerte en vida sea esa penosa enfermedad que nos los arrebata. Ignoro por qué razón, pero de un tiempo a esta parte me recreo demasiado en estas posesiones personales, hasta el punto que comienzo a creer que el presente me supera y trasciende sin dejar huellas nuevas y profundas en el alma.
Estas vísperas paseaba por nuestro Teatro Vico con unos amigos, cuando una amiga me preguntó si echaba algo en falta, sorprendido por su pregunta no supe que responder hata que ella me señaló un cuadrado de losas limpias en la baldosa, aquel que había ocupado desde su arreglo el «Quiosco de Teo».
Hasta ahora, aun a pesar que lleva tiempo cerrado, allí permanecía evidenciando su presencia. Fue en ese momento, cuando un río inmenso de recuerdos atravesó impetuoso mi memoria. Durante estos días he vuelto a su cauce, a sus saltos, he navegado por sus remansos preguntándome mil historias, pequeñas anécdotas, recreándome en sus aguas que ahora me perecen cristalinas y doradas bajo la luz de una tarde otoñal.
Con el Quiosco de Teo se fueron mis diez reales de paga semanal; dos pesetas para el gallinero del teatro, tres perras gordas para el enorme cartucho de pipas que en papel de estraza me daba Juana, las dos restantes, en puromoro.
Con él se fueron las trepidantes sesiones dobles de pataleo en aquellas tablas del teatro, cuando finalmente el artista venía a rescatar a la chica. Con él las ilusiones infantiles de una tarde de Domingo.
También se han ido los chascarrillos compartidos años después con Teo en las mañanas dominicales, mientras este introducía en la bolsa el dominical con algún que otro fascículo coleccionable. Con él se fue mi asombro por la memoria de su dueño, al que desde mediados de los ochenta venía recomendándole la compra de un ordenador. Teo respondía: ¿Para qué, se me ha olvidado acaso lo tuyo?.
Con él se marcharon igualmente las interminables compras del nutrido surtido de gomilonas, barras de regaliz, chicles, chupa-chups y otras cuantas chucherías que llenaban la bolsa con sus mil colores para deleite de la chiquillería más reciente
Desaparecieron los encuentros fortuitos en la cola del quiosco con el amigo, el vecino o conocido. Ya no hay charla improvisada sobre lo divino y humano, ni siquiera sobre lo bueno que era el difunto de la tarja que pendía en uno de los laterales de la caseta.
Pienso ahora que esas eran las noticias que allí buscábamos, esas las que nos importaban y no las que aparecían en la mancha del papel prensa a grandes titulares.
Desapareció el Quiosco de Teo, sí; pero vive en el remanso tranquilo que forman los recuerdos de nuestras vidas. Eso, aunque sepamos que el agua pasada ya no mueve molinos.

2 comentarios:

  1. El kiosko de Teo ha sido una institución que debe ser recordada en la memoria de nuestra ciudad, no se si con una placa, una calle o algo similar. Pero no quisiera que nos olvidemos que antes lo fué de su suegra, EL KIOSKO DE JUANA, aquel al que los críos del Ibañez Martín acudíamos a por las estampas, las pipas, los "kojacs", ... Algunos, la verdad es que los menos, iban todos los días, otros acudíamos los domingos, que era el único día que disponíamos de algo de liquidez para invertir en el puesto.
    El otro día Libe la de los churros nos hablaba de su madre, Juana la del Puesto, toda una institución para los críos del cole que muchos días solo nos acercabamos al kiosko para saludarla por que siempre estaba alegre y nos devolvía una sonrisa.
    El Kiosko de Teo es el Kiosko de Juana, tanto monta, monta tanto. Y como dice Plácido el recuerdo es de los más importante que tiene el ser humano. Mis recuerdos de crío pasan por el Kiosko de Juana, los de adolescente y adulto por el de Teo.

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  2. Anónimo5/1/10 12:44

    Es cierto que a medida que nos hacemos mayores "pesan" los recuerdos, los de aquellos seres queridos que se fueron para siempre, de los amigos de juegos de infancia, los de adolescencia, o sencillamente cuando al pasear por las calles y barrios te das cuenta que hasta el paisaje ha cambiado, que desde aquella ventana de tu casa ya no ves el horizonte, no ves la salida del sol por la Sierra del Buey ni el ocaso por El Castillo... y así miles de detalles y recuerdos que han formado parte de nuestra vida. Recordando a Teo, al igual que vosotros me vienen recuerdos... Durante mi infancia-adolescencia compraba las pipas, quicos, el puromoro a Juana (madre). Juana era mujer entrañable y casi siempre con una sonrisa muy parecida a la de su hija Liber. A Teofilo (o Tiofilo), mis zapatos de gorila para el invierno y los de charol para Semana Santa. Teo siempre fue y será, persona simpática, que sabia muchas historias del y "de los del pueblo" y con esa forma suya de contar, acabas riendo o pasando un ratillo agradable y divertido. A mi solia decirme cuando le iba a comprar los zapatos "que tenia los pies muy grandes" y si no tenia de mi número me los pedia y a la semana siguiente pasabamos a recogerlos. Y mientras te probabas zapatos, él contaba o te gastaba alguna broma.Cuando se cerró la zapateria (enfrente del Casino) pasó a ser Teo en el quiosco y ya no solo nos vendia chucherias para nuestros hijos (para nosotros también claro), tanbién como bién dice Plácido el periódico con sus dominicales, coleccionables, revistas del corazón, el TP... y seguia con ese "humor" tan suyo. Él quizá no sea consciente de que ha llegado a formar parte del paisaje del pueblo delante del Teatro Vico y de alguna manera de nuestras vidas. Me encontré con él la Feria pasada y se lo dije "Teo la calle de la Feria no es lo mismo con ese quiosco cerrado...." y con ese buén humor a pesar de sus "dolencias en las piernas", me decia... ya, ya pero que le vamos a hacer a todos nos llega la jubilación... Pero parecia que Teo, siempre estaria detrás de esa montaña de chucherias o en la calle dándote el periódico y contando...
    Deberiamos decirselo a él todos los que hemos escrito a través de esta ventana abierta para que sepa que le recordamos con cariño porque a su manera y como decia antes, forma parte de la historia del paisaje y personajes del pueblo y de muchos de nosotros. Un saludo cariñoso

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