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El cielo y la tierra 24 may. 2009 23:47 llanerosolitario

Si es verdad que hay un Dios en las alturas y la buena gante al morir, sube al cielo, menudo dilema tuvo que tener el hombre, el dia que le fueron llegando las sesentas y dos almas, de otros tantos militares muertos, en el accidente del YAK-42, el 23 de Mayo, del año 2003.

De todos ellos, hubo treinta con el nombre cambiado. O mejor dicho, sin saber ellos mismos, como se llamaban. Sin entender por qué, les habián cambiado el nombre, ni por qué un general y dos de sus subordinados, se empeñaron en hacer aquel cóctel macabro con los restos de sus cuerpos, allá en tierras turcas. No se merecían los soldados españoles, muertos en tierras lejanas, aquel maldito destino, a mano de otros confesos cristianos.

El cura castrense, en la teatral homilía, puesta en escena al efecto, los mando para el cielo, a disfrutar de la gloria ganada y merecida. En el transcurso del acto religioso, los cargos militares y autoridades civiles, responsables todos ellos, del guisado que allí se estaba cocinando, rezaban la hipócrita oración, con cara de sentimiento mutuo, con los familiares presentes.

Hoy, seis años después, un juez, que no tiene un pelo de tonto, ni muchos de listo, ha hecho justicia con las familias de los sin nombres. Ha quedado desmostrada la manipulación a la que fueron sometidas aquellas familias, en aquellos momentos tan dolorosos para ellas.

No ha creído necesario el juez, ir más allá de los cuarteles militares, en busca de otros culpables por los hechos ocurridos, y meterle el diente a las resposabilidades políticas, que seguro, haberlas, las hubo. En reconocimiento de aquella hazaña militar, los militares condenados, fueron ascendidos, algunos a la maxima distinción, por el entonces ministro, y hoy diputado, Federico Trillo. Condecorados con medallas y santas cruces, de las que se lucen ante la comitiva real, el día que son invitados a palacio. Qué tripas se les quedarían a unos y otros. Unos dándolas, y otros recibiéndolas. Dan nuseas pensar en ello.

Cuando al fin de sus días, el Sr. Trillo llege, y como perteneciente al Opus Dei, por tal condición, muestre su entrada vip, reservada a la derecha del Padre, éste le pedirá cuentas de lo que hizo en la tierra, para merecer el cielo. De si tiene ganada la gloria por sus actos de buena fe, y por tanto, merece el billete de vuelta de la resurrección. Si, por el contrario, es verdad que el Señor todo lo sabe y todo lo ve, le hará pagar todos los pecados hechos en vida.

Los pecados que ocultó en la tierra, se los hará saber en el cielo. Y por tales, lo mandara al más terrible de los infiernos, y que su alma vague eternamente en busca de cobijo. Para los creyentes, sólo entonces las victimas y sus familiares quedaran en paz, cuando la justicia que no se hizo en la tierra, se haga en el cielo. Donde tembló la mano del hombre, muestre el Señor la firmeza que se predica. Ese Señor al que cada noche se encomienda el ex ministro Trillo, para redimirse de los pecados del día, y dormir a pierna suelta, con la conciencia tranquila y la barriga llena.

1 comentario :

  1. Anónimo25/5/09 9:09

    ¿y a los no creyentes? ¿qué consuelo nos queda? Solo espero que el tiempo ponga a ese "Señor" donde se merece.

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