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Sacrificio, esfuerzo, sudor y lágrimas (IV) 3 abr. 2009 07:58 Plácido Guardiola Jiménez


«Las verdades que deseamos oir versus mentiras piadosas »

Los seres humanos curiosamente nos aferramos a ciertas verdades y creencias hasta el extremo de matar y rechazar a nuestros semejantes si estos nos vienen con otras. En ocasiones, hasta negamos aquellas que nuestra razón nos da por evidentes, simplemente porque somos incapaces de aceptar la realidad que se nos viene encima. Nos referimos a estas últimas como «Mentiras piadosas», y con ellas evitamos decir la verdad de su enfermedad a quien tiene un cáncer terminal, al amigo engañado, o al niño que acaba de perder trágicamente a sus padres. Pensamos aquello de que, la verdad, empeoraría la situación más si cabe de lo que ya ocurre en realidad.
Ahora en esta crisis, que han venido a calificar de financiera, actuamos igual; primero la negamos, después decimos que somos la champions League, más tarde que nuestro sistema financiero es el más sólido, que en marzo el empleo repuntará. Mientras tanto, la metástasis continua su curso con un paro que sigue aumentando o hay que intervenir entidades bancarias. Todos, gobierno y oposición (repasen los mensajes del SR. Rajoy en “Tengo una pregunta para Ud”), aseguran que de ésta salimos, que el final ya está cerca. La solución aportada por el G20 (G21 con Zapatero), no es otra que devolver la confianza, de ahí, que la solución pase por decirle al enfermo que no es cáncer lo que tiene sino un constipado pasajero.
No crean que critico esa actitud de escamotear la verdad, no puedo hacerlo, cuando yo mismo en otra situación idéntica (salvando las magnitudes de ambas), hice igual que hacen nuestros dirigentes ahora. Me refiero a la situación que en 1982 sufría la Caja Rural de Jumilla, que aunque nacida como sección de crédito de la Cooperativa Agrícola San Isidro, no era sino una entidad independiente ante el Banco de España, el cual ya había advertido en varias ocasiones a dicho banco (eso sí sin intervenir a tiempo), que su situación financiera era irregular. Era tan irregular, que cuando tomamos posesión la presidenta y yo de la entidad, tras el escándalo por la situación financiera, los impositores habían comenzado a retirar sus fondos. En nuestra primera semana como directivos de la Entidad, tuvimos que generar letras de bola a nuestros clientes por 400 millones de pesetas, destinados simplemente a aparentar normalidad y permitiendo retirar en ventanilla el dinero al impositor que solicitaba su dinero. Recuerdo que nuestro abogado nos dijo: “De continuar así vosotros dos, terminaréis en la cárcel y no los responsables de esta situación financiera”. En definitiva, la enfermedad era tan grave que tras una Junta Rectora interminable, ya bien entrada la madrugada, se terminó aceptando la verdad, declarándose al día siguiente cerrada la ventanilla de la entidad sine die . Ello, a pesar de las reticencias de quienes pretendían esa noche aplazar la decisión , seguramente con el fin de liquidar sus activos personales.
Comprenderán, ahora, que no está en mi ánimo la crítica; sino la reflexión más profunda de lo que nos pasa. Nos ocurre, que quienes pagan a duras penas su hipoteca, no quieren oír ni por asomo, que seguramente su piso no vale los 47 que esta pagando, sino 25. Nos pasa que quien tiene 15 en el banco no quiere oír que peligran o que quien paga un plan de jubilación va a perder buena parte de lo que entregó. Nos sucede, como dije en el primer artículo de esta serie que, el sarao que nos dimos hay que pagarlo, si comenzamos todos a rascarnos el escote seguramente pronto tocaremos el fondo de esta crisis, lo demás son cataplasmas calientes al tuberculoso.

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