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Sacrificio, esfuerzo sudor y lágrimas (V) 19 abr. 2009 08:16 Plácido Guardiola Jiménez

«Los agricultores, principales víctimas de la crisis»


Mi amigo Pedro es un agricultor emprendedor donde los haya, la vieja finca heredada de sus padres con tierra blanca, algunos olivos y viñedos es hoy una moderna explotación agraria, con embalse, sistema de riego computerizado, frutales, nave con maquinaria de todo tipo y su explotación ganadera con ordeño automatizado. Bien es verdad, que en muchas de esas inversiones que ha tenido que realizar, ha recibido subvenciones y ayudas a fondo perdido. Por eso, cuando se lo hago ver, me contesta que él preferiría no tener subvención alguna y que sus productos, la leche, la fruta o la uva se valiesen lo que tienen que valer, como en el resto de la economía, es decir, el costo más un margen de beneficio.
Pedro está convencido que la agricultura es fundamental, por eso cada vez que nos vemos, dice aquello de los antiguos viejos del lugar: «Del campo sale todo». Es entonces cuando me mira con algo de reproche por mi doble condición, la de funcionario, pues como de «la olla grande» y la de «chupa tintas» ya que trabajo con papeles; por mi parte, no se lo tomo en cuenta por la amistad que nos une. Ahora, con la crisis, lleva un tiempo que sostiene que ellos, los agricultores, son las grandes víctimas de este desaguisado, cuando son ellos precisamente, los que más carne ponen en el asador para salir de la misma.
Cuando trato de consolar sus quejas señalándole que más víctimassi cabe son los autónomos y parados; mi amigo disiente raudo afirmando que no es así, pues según él el autónomo cierra el quiosco y no tiene gastos y el parado no gana y tampoco gasta. Sin embargo me dice: «Yo no puedo echar el cerrojo a mi negocio, si lo hago se destruye y es el esfuerzo de toda mi vida y la de mis padres. Tengo que seguir gastando, pienso para los animales, abonos, gasoil… No tengo ingresos y tengo que seguir gastando, no puedo contratar jornales y tengo que darlos para podar y esclarecer. El resto de las industrias arrojan la gente a la calle. La crisis existe porque se reduce el trabajo y el consumo, pues bien el agricultor aunque quiera no puede hacer ninguna de las dos cosas».
Realmente mi amigo lleva toda la razón y, efectivamente los agricultores, son los que sufriendo como el resto de los mortales, se aprietan más el cinturón y hacen por salir de la crisis. Por eso, termino dándole la razón y no le contesto nada; pero entonces Pedro envalentonado con mi silencio, sigue argumentando sobre el desmantelamiento del campo y la inutilidad gestora de este Gobierno, pero eso, prometo contarseló en un próximo artículo.

4 comentarios :

  1. Iba a pinchar en el cuadradito de "bueno" cuando, leo la última frase, sobre "inutilidad gestora" y pienso: -ya me extrañaba a mí que Plácido terminara una entrada sin criticar a los mismos de siempre-.
    Tampoco he pinchado en el cuadradito de "flojo", porque flojo no me parece lo que a mi me parece gracias a ese comentario final es, previsible, y, por supuesto parcial.

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  2. La cuestión no es la parcialidad del autor, pues cada uno tenemos la nuestra, sino saber si lo que le ocurre a su amigo Pedro es real o no. Ud mismo parece confesar que lo creía hasta llegar a la última frase, por tanto si eso es real como la vida misma, alguien debe ser el responsable, y digo yo que alguna responsabilidad tendrá quien dirige los destinos de este país. En cualquier caso si Ud lo prefiere, se la echaremos al demonio o a la crisis internacional

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  3. O la culpa es de Aznar, que eso siempre funciona y convence mucho en la tele.

    Es una pena, pero creo que el desmantelamiento del campo es algo inevitable en el mundo en el que vivimos y tal y como esta montada la economia. Sale caro producir aqui y si no fuera por las subvenciones el campo ya estaria murerto. No creo que subvencionar la agricultura sea una solución, mas bien un parche temporal y para contrarrestar la muerte de los pueblos y del medio rural.

    Sinceramente no se me ocurre que solución tiene la agricultura en este país, pero esta claro que si no le damos alguna pronto, gente como Pedro seran cosa del recuerdo.

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  4. Lo que le ocurre al amigo Pedro no es culpa de la inutilidad gestora de este gobierno o de otro, sino de muchos en dilatadas generaciones. Pocos "chupatintas" o intelectuales se han ocupado con certeza y responsabilidad del problema de la agricultura; el hombre de ciudad, que al final es lo que suele ser el intelectual -y el político- sólo busca el campo para el descanso, y quién nació en el campo y lo deja, procura olvidarlo. Pero hay un libro de John Berger, Puerca Tierra, que ilustra como pocos el latrocinio a que ha sido sometido el campesino -pequeño productor- desde tiempo inmemorial. Las clases dirigentes de toda época, pero también con el tiempo el proletariado industrial, buscaron desposeer al campesino de su merecida plusvalía, terminando por desposeerlo de su dignidad, y todo por un detalle: El campesino pude permitirse consumir parte de lo que él mismo produce. Si alguien quiere entender de verdad la injusticia que conlleva ser agricultor, que lea a Berger o al ruso Chayanov, y verá lo que es bueno. El ejemplo de Pedro es el de miles durante miles de años.

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