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En el día de la patrona 15 ago. 2014 11:26 Plácido Guardiola Jiménez

Conversaciones con mi Patrona «Oración en tu día»


Virgen de la Asunción


Hoy, excelsa señora, es tu onomástica, tu día grande, tanto en Jumilla (donde se te tiene por nuestra patrona), como en los miles de pueblos de más de media España.
No sé lo que ocurrirá en otros lugares, pero en Jumilla Sra., sabes que nunca gozaste del fervor de sus gentes, más allá claro está de una treintena de personas que siempre te fueron y siguen siendo fieles. Como bien sabes, aquí somos más de votos de tu hijo Amarrado y hasta de tu santísima madre "La Abuelica Santa Ana".
Ignoro las razones que justifican nuestro el desapego y desarraigo hacia tu divina persona, pero como bien conoces nunca tuviste muchos seguidores al margen de ese reducido grupo de fieles que con constancia semanal acuden a visitarte a San Agustín.
Ya sé que desde hace unos años, por aquello defender la puesta en tradición de sus fiesta, ignoro si fue un grupo de moros o sarracenos los que acudieron a ti  intentando con su presencia que tu traslado a la ciudad fuese más concurrido y numeroso. En los últimos tiempos, Hasta hemos asistido a feroces diatribas por el control de tu Santa Hermandad, se te ha coronado y hasta un grupo de caballeros templarios te hacen guardia y vigilia en la calle; pero ni por esas Santísima Madre, se consigue ampliar el número de fans que te siguen.
Virgen de la Asunción, subida a los cielos
Como bien sabes yo nunca me he contado entre tus seguidores, pero el verte tan abandonada de todos y sola en aquel frío camarín de San Agustín siempre despertó en mi un tierno y entrañable sentimiento de simpatía. De hecho, si tu querida Madre tienes a bien abrirte un perfil en Facebook o en twitter, además de twittear todos tus twits prometo recomendarte para que te agreguen todos mis amigos.
Prometo además acudir a tu ermita con mayor frecuencia, pero no me pidas que acuda a esas procesiones y traslados que ahora te hacen, donde siguen acudiendo cuatro gatos; pero que a diferencia de hace unos años, además de tus fieles de siempre, acuden hoy con toda pompa y boato todos los "encimarios" del pueblo. Aunque tú amantísima madre, a todos acoges por tu santidad con cariño bajo tu manto y regazo, pero yo mortal y pecador como sabes, no puedo por más que lo intente.
Creo querida Virgen de la Asunción, que fue tu hijo quien nos dejo dicho lo de no tomar en vano el nombre del Señor, que bien debía haber ampliado a las Vírgenes, Santos y el resto de seres celestiales, a los que tantas veces tomamos en vano y utilizamos para mayor gloria y honor de nuestra Santa Panza. Por eso, no me esperes querida Madre en algunos actos. Pero desde aquí quiero enviarte mi cariño y mi recuerdo en este tu día de onomástica

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