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Los que no alcanzaremos la pensión 1 dic. 2012 01:51 Plácido Guardiola Jiménez

«El porqué de mi convicción»


Hace algunos años, no muchos, oía a mi suegro lamentarse en voz alta mientras decía: ¡Ya veras,  cuando lleguemos a la jubilación no podrán pagarnos la pensión!. Ahora felizmente ha alcanzado la edad y el derecho a cobrarla y con sus cerca de mil euros me repite cuando me oye mis lamentos: ¡Sí hombre, ya veras como si cobrarás!. Curiosamente es lo mismo que me dicen algunos amigos que recientemente han alcanzado el dorado de su jubilación, pues me llevan menos de una década de antigüedad.
Por su parte los políticos, no cejan en repetir que las pensiones están aseguradas y, utilizando el fondo de reserva, les acaban de dar un pequeño empujoncito de actualización, algo mayor a las más bajas, todo hay que decirlo. En definitiva, con sus hechos además de tener contentos a unos votantes cada vez más numerosos, quieren devolvernos la confianza en el sistema. Con sus discursos, los más realistas, afirman que con las medidas adecuadas (como el alargar el periodo de cotización y retrasar la edad de jubilación), el sistema aguanta.
Pero la realidad es que no hay argumento, ni lógica alguna que explique cómo va aguantar el sistema con la que se avecina dentro de ocho años, precisamente los que me faltan a mí para por fin alcanzar el inicio del cobro de la misma. Alguno se preguntará por qué dentro de ocho años en el 2020 y no en el 25 o 50, les aseguro que no se debe a que precisamente ese año yo alcance la edad de su beneficio. Ocurre que las cohortes demográficas de los nacidos en el periodo 1955/65 corresponden a la euforia desarrollista de unos padres que acababan de salir de la postguerra, los años del hambre y comenzaban a mejorar que era una barbaridad. Eran los años del desarrollismo, de comprarse la nevera a plazos y algo después aquellas Phillips en blanco y negro para ver ellas “Reina por un día” y ellos el “R. Madrid-F.C. Barcelona” o las corridas televisadas con Palomo Linares y el Cordobés . Mira por donde ante aquel horizonte de prosperidad, con sacrificio y esfuerzo, se animaron en lo de la procreación. De ahí, que dichas cohortes sean especialmente numerosas y sea precisamente en el 2020, el año que los primeros de ellos cumplirán los 65, algunos de ellos (como es mi caso) contaremos entonces con más de 40 años de cotización.
Si observamos la imagen que acompaña a este artículo donde se superpone la pirámide actual de población y la que el INE (Instituto Nacional de Estadística) proyecta para 2020, veremos como la nueva (bordeada en linea roja para las mujeres y azul para los hombres), se abre y ensancha por encima de los que tienen de 40 a 45 años, mientras se reduce o estrecha por las edades inferiores salvo en el caso de los que ahora tienen 10/14 y 15/19 años que corresponden al ciclo de bonanza iniciado tras la ultima crisis del 93 con los gobiernos de la «España va bien» de Aznar y los cuatro primeros de la «España Champios Ligue» de Zapatero.
Por si les cuesta comprender esto de las pirámides (aunque más que pirámide es una seta), se lo resumiré en pocas palabras lo que ocurrirá en tan sólo ocho años, es que si ahora en 2012 somos 31.140.024 en edad de trabajar (15 a 65 años), que debemos cuidar de los menores y mantener las pensiones de 8.029.673 mayores de 65; en 2020 habrá 29.349.191 en edad de trabajar y que tendrán que mantener a los 9.144.284 que para entonces estaremos jubilados. Es decir, casi un millón ochocientos mil menos en edad de trabajas y algo más de un millón cien mil más en edad de cobrar la jubilación. Dicho más crudamente, ahora y, suponiendo que todos los mayores de 15 años trabajasen, cada pensionista es mantenido por 3,9 españoles; en 2020 serán 3,2. La cifra asusta todavía más si hacemos la cuenta con las personas que realmente están trabajando y cotizando, mientras que ahora 1,7 trabajadores sostienen una pensión, de mantenerse esto así  en 2020 serán 1,4 quienes deban hacerlo.  Terror da pensar que, sólo si en 2020  alcanzásemos las cifras de empleo  de 2005, conseguiríamos que la situación siguiera siendo idéntica a la actual.
Una caída tan brutal de esta ratio por la disminución de población activa y el aumento de la envejecida sólo la hubiese aguantado un ritmo de crecimiento como el que tuvimos antes de la crisis. En lo que nos queda, aun cuando España comience a recuperarse a partir del 2014, nuestro sistema de pensiones no se sostendrá salvo que la Virgen de Lurdes haga un milagro

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