-->

Manifiesto de las gentes del campo 3 jul. 2012 20:00 Plácido Guardiola Jiménez

«A propósito de los incendios»


Mientras vivimos bajo esta memez, falsa y ñoña de la cultura proteccionista medio ambiental, nuestros bosques se queman y el medio natural se degrada hasta límites insospechados. Hoy, cuando los valores conservacionistas, verdes, ecologistas o, como quiera que les llamemos, están más extendidos que nunca; cuando numerosos colectivos y organizaciones se dedican a divulgar y educar en ellos; la madre tierra sufre los mayores trasgresiones y dislates.
Unas veces a manos de los desaprensivos, locos o imprudentes que lo hacen adrede o inconscientemente. Otras, a manos de los talibanes furibundos de los movimientos verdes o de la propia legislación proteccionista surgida al amparo de  falsos valores ecologistas. No hace mucho, los pastores de Picos de Europa alzaron su voz en protesta de esta estupidez proteccionista que había convertido al lobo en un depredador «subvencionado por ley». Una ley que ha hecho de él no ya un noble animal salvaje que ataca de tarde en tarde los rebaños para subsistir; sino un sanguinario matador exclusivo de ovejas que disfruta con orgías de sangre diarias en los rediles.
De igual modo, a partir de los setenta la administración prohibió el uso del pastoreo en zonas declaradas hoy «parque natural», como ocurre en nuestra sierra del Carche. Bajo el pretexto de evitar que con aquel pastoreo dejase de crecer el pinar y el bosque (se supone que la cabra blanca y la oveja ramoneaban la chichota de los jóvenes árboles), los pastores llevan más de cuarenta años sin pisar éstas zonas. Nadie sube ya a ellas a recoger leña, esparto o cualquier aprovechamiento y solo domingueros, y senderistas cruzan sus senderos de tarde en tarde. Las pistas (realizadas con el objetivo de vigilar, mantener y conservar esos espacios), sirven también para que desaprensivos de todo tipo las crucen con cualquier tipo de artefasto motorizado.
No digo con ello que la culpa de este desastre sea el ecologismo imperante; sino que el proteccionismo ñoño al que nos aboca es tan nefasto para la naturaleza que aspira a conservar como el desprecio más absoluto que muestran los más descerebrados.
Conservar la naturaleza es convivir con ella, ayudarla y aprovecharse de cuantos recursos ofrece en un frágil equilibrio. Aquel que las viejas generaciones que nos precedieron, supieron mantener con ella, lo nuestro, simplemente es de locos. Pues la naturaleza virginal, al margen de la acción responsable del hombre, hace miles de años que dejó de existir. Envolverla en una frágil campana de cristal en un afán proteccionista es tan lamentable como no mostrar con ella el respeto que se merece o ser simplemente un pirómano más

2 comentarios :

  1. Anónimo4/7/12 18:54

    Si señor, muy bien dicho. Estamos haciendo de nuestra casa (el planeta Tierra) un vertedero.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  2. Anónimo10/7/12 1:50

    El hombre de estos campos que incendia los pinares
    y su despojo aguarda como botín de guerra,
    antaño hubo raído los negros encinares,
    talado los robustos robledos de la sierra.
    Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;
    la tempestad llevarse los limos de la tierra
    por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
    y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.

    (Campos de Castilla. Antonio Machado. 1912)

    ResponderEliminar

¡Bienvenido al RENDRIJERO!

¡Gracias por tus comentarios!
Se respetuoso y opina libremente. Tu comentario será revisado y publicado en unas horas.

Ponerse en contacto con el Rendrijero