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Tiempo de euro-ecepticismo 24 may. 2012 15:01 Plácido Guardiola Jiménez

«Desenchufarse de Europa»


Dicen que corren tiempos de euro-escepticismo en el viejo continente, no es de extrañar pues como dice el viejo refrán castellano: «Donde no hay harina todo es mohína» .Particularmente dejé de creer en el proyecto europeo hace muchos años, al año siguiente de entrar España como miembro de pleno derecho para ser exactos, por tanto, en 1987.
Como todos los de mi generación, deseaba ser europeo pues la imagen que de ella teníamos era la de modernidad, libertad y prosperidad. Era la idea que nos traían los parientes y amigos emigrados a Alemania o Suiza. Una imagen que correspondía con los turistas que cada verano abarrotaban nuestras costas y también con aquellos datos estudiados sobre el Benelux y la Unión del  Carbono y el acero que aprendimos en el bachiller.
Por eso, cuando por fin en 1986 el entonces Presidente Felipe González, firmó el acuerdo de nuestra adhesión sentí, como la mayoría de españoles, una profunda alegría.
No había pasado un año de nuestra entrada cuando acontecieron dos hechos que supusieron un aldabonazo en mi fe en Europa. El primero, la compra de los vinos por Francia para hacer su quema de alcoholes obligatoria, aquello nos vino bien, en principio dimos salida a nuestros vinos; pero suponía una trampa mortal en toda regla. Nuestros competidores franceses nos quitaban de en medio en los mercados para seguir ellos mucho mejor posicionados. También por aquellos días, nuestros camiones de frutas y hortalizas eran volcados por agricultores franceses, exactamente igual que cuando no éramos miembros. Fue entonces cuando comencé a preguntarme si realmente servia ser socio de un club tan largamente deseado, aunque todavía quería suponer que todo se debía a la astucia de los gabachos por no dejarse chafar ante productos claramente más competitivos que los suyos.
Con el tiempo, el dinero de los fondos europeos FEDER, comenzó a entrar a raudales en España, por lo que la mayoría de nosotros se hizo más papista que el papa y, nuestro país,  el más europeísta de la Unión. Para entonces, ya era escéptico, pues sin negar la realidad del mucho dinero que nos entraba, no dejaba de observar que el poco tejido industrial español se iba desmantelando y cayendo en manos de empresas de países socios en la Unión. Así paso con Seat, Pegaso, Fagor, etc. etc. Eran adquiridas a precios de saldo por sus competidoras europeas y, en el mejor de los casos, mantenían la vieja marca española como línea de saldo o barata, fue el caso de Volkswagen con Seat o Electrolux, etc.   Todo ello me hacía presagiar un futuro de menos desarrollo y más dependencia.
A medida que han pasado los años me he vuelto más y más euro-escéptico, pues aun cuando el dinero viniera bien, como en los arranques de viñedo presentía que aquello era el principio de nuestro fin, en cualquier caso, carecía de un horizonte político y social claro, pues igual que te daban para arrancar te daban también por replantar.
El dinero barato tardo en llegar, de ahí que a principios de los noventa muchas empresas fueran a la ruina, quiebra o suspensión de pagos. Nos paso en Bodegas Umbría, le paso a Juvinsa S. A., Bodegas Guardiola, etc. etc. Por fin llego el dinero fácil y baratocon el euro, tan barato que se lo prestaban a cualquiera y era del genero tonto no meterse en algo, aunque fuera ladrillo Su coste estaba muy por debajo de la subida de los precios de las cosas. Fue el boom o la borrachera que nos trajo la actual resaca.
Pero la Unión Europea es todo menos Unión y lo que nadie dijo entonces, ni dice ahora es que ni siquiera es unión monetaria. Pues si lo fuese como se explica que el mismo euro prestado tendrá un coste de intereses del 1%, 8%, 2,5% y 12% egún se le preste a un alemán, español, francés o griego respectivamente.
¿Es ésta Unión Europea en la que tanto anhelamos entrar?

1 comentario :

  1. España es el problema, Europa la solución. Creo que la frase de Ortega sigue teniendo vigencia, a pesar de las incongruencias de la Unión, porque lo de aquí es peor. Y a fin de cuentas, el problema europeo es el mismo que el de aquí: el nacionalismo (aquí también caciquismo) que lleva asolando a Europa desde hace más de cien años.

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