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Se hunde el barco 31 may. 2012 15:22 Plácido Guardiola Jiménez

«Los diecisiete compartimentos anegados»


Todo en la cubierta de este barco es confusión, salvo la de los músicos que, imperturbables ante el caos, siguen tocando el Danubio Azul. Uno tras otro los diecisiete compartimentos autonómicos han llenado de lastre gélido las bodegas de este buque llamado España.
No hay botes salvavidas para tantas personas y los pasajeros de primera se apresuran a cambiar sus billetes por un pasaje de salvación al precio que sea. Entre los pasajeros de segunda y tercera hay algunos, los más sensatos, que todavía vociferan sanidad y educación primero; pero da igual ya, irremediable e inexorablemente este gran buque cargado de historia se hunde y no tardará en sumergirse en este helado océano. Los otros, siguen discutiendo acaloradamente, unos piensan que el culpable de este drama es quien conducía el timón cuando chocamos contra el iceberg (ahora mira placidamente las nubes mientras las cuenta), otros, por el contrario, atribuyen el desastre al nuevo timonel por haber cortado el suministro eléctrico ante las primeras inundaciones. Da igual el problema ha estado en esos compartimentos cuyas compuestas se dejaron abiertas.
Mientras esto describo el buque es escora más y más hacia su proa, pero los músicos impertérritos siguen con su vals. Pienso en mi, que no soy pasajero de primera y carezco de dinero para comprar mi salvación particular, desde la barandilla contemplo el profundo negro infinito de unas aguas frías en las que, a mi edad, sobradamente se que no podría sobrevivir por mucho tiempo. De ahí que desista de cualquier tentación de saltar por la borda. Me pregunto si en alguna medida soy responsable de este desaguisado, creo que no, además recuerdo haber hecho en cada momento lo que debía, siendo de los primeros que, cuando todavía se podía hacer algo, corrió la voz de alarma.
Lo triste, lo grave, es que los responsables de cerrar las compuertas de esos diecisiete compartimentos han seguido en la fiesta del salón principal del barco con su festín. Lo han hecho a sabiendas de que todos nos hundiríamos con ellos. Solo me queda la esperanza de que la Justicia Divina (si es que existe), impida que ellos puedan salvarse cuando nos sumerjamos.
Prefiero mirar al infinito de esta noche estrellada, dejándome embriagar por el sonido de los violines que estos abnegados músicos no dejan de hacer sonar y, por supuesto, confiar en que la Providencia Divina ponga al alcance de mi mano una tabla, una puerta donde agarrarme cuando entre en contacto con el agua.

3 comentarios :

  1. Eugenio Santos1/6/12 9:40

    Te das cuenta Plácido, hasta cuando esto se hunde... los músicos no dejamos de tocar. Es el cruel destino provocado por una clase politica mediocre y corrupta, unos banqueros despiadados y un pais impasible incapaz de echarse a la calle a exigir soluciones. Aun asi los músicos (que seguro que no cobran) no dejaran de tocar...

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    Respuestas
    1. Sí, son de una pasta especial, será por la disciplina de su arte

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  2. Yo prefiero la justicia terrena, pero en este barco los jueces estaban también en la sala de fiestas. Y el que no, se ha largado con los de 1a clase.

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