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La relatividad del tiempo 20 ago. 2010 20:49 Plácido Guardiola Jiménez

«Nuestra sempiterna falta de tiempo»

Hoy me ha dicho un amigo que no sabe de dónde saco el tiempo para hacer tantas cosas, pero a mí, como a él y a todo el mundo, me falta tiempo para hacer las que quisiera. No es cuestión de cuantas hago, sino las muchas que quiero y dejo de hacer porque no tengo tiempo.
No era necesario que Albert Einstein formulase el principio de la relatividad para que el ser humano tuviera conocimiento de que el tiempo es relativo, no, sobraba la fórmula matemática y su compleja demostración.
Sabíamos que el tiempo era relativo pues son más largas las horas en la desesperanza que en la esperanza. Porque no es el mismo tiempo en la ida hacia nuestro destino que en la vuelta, ni en el dolor y la tristeza nos duran igual las horas que en la alegría y el bienestar. Porque cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor que el presente, ni este lo es mejor que el futuro.
El tiempo, esa dimensión inexorable que, en definitiva, es lo único que realmente poseemos. Un tiempo finito, medido y limitado. Un tiempo con un punto y final. Tenemos un pequeño fragmento del devenir infinito e incesante del tiempo universal; sin embargo, creemos que el fluir de nuestro tiempo es todo el tiempo, que tenemos todo el del mundo por delante. Apenas nos percatamos, miramos hacia atrás y ya hemos consumido más de la mitad de nuestro tiempo, de ese tiempo relativo pero elástico. Por eso yo me empeño en estirarlo todo lo que puedo, aún así, me falta a raudales.

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