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El rito del noviazgo 25 jul. 2010 13:14 Plácido Guardiola Jiménez

«Evitando el trago»

Si por algo se caracteriza la modernidad es sin duda por la pérdida de todo rito, de toda iniciación. En este sentido, son pocos los ritos que se han salvado perdurando entre nosotros. Hoy se alcanza cualquier etapa vital, se cambia de estado y situación sin apenas iniciación ritual, como si ésta fuese a todas luces innecesaria. Seguramente por ello valoramos tan poco lo alcanzado y, por lo mismo, apenas si lo apreciamos.
Pero si un rito ha cambiado o desaparecido, respecto de lo que fue no hace mucho, este es sin duda el noviazgo. No hay novios, a lo sumo amigos con derecho a roce o colega con el que salir.
Aún recuerdo cuando los mozos en edad de merecer, andaban tras las chicas, en ese sempiterno circuito que iba en las tardes de domingo, desde el Teatro Vico hasta la esquina de la farmacia de Guillen. En este ir y venir, si alguna de las amigas que caminaban juntas, aceptaba al mozo que andaba unos pasos más atrás; al menos, no se volvían a despedirlo a cajas destemplas. Así las cosas, si el mozuelo era tenaz y a la chica que le hacia tilín, pasado un tiempo de ésta guisa, ella salía del centro de la fila colocándose en un lateral a fin de que el chico paseara a su vera. Signo inequívoco de que la cosa iba en serio y hasta en el cine buscaban colocarse de idéntica manera.
Con el correr del tiempo, ella ya de retirada a su casa a la anochecida, se dejaba acompañar por el galán hasta la esquina más próxima. Con ello se conseguía que vecinos y conocidos se dieran por aludidos oficiándose así un noviazgo extraoficial, pero público y notorio. La siguiente etapa consistía en dejarse acompañar hasta el mismísimo portal de la casa casa. Con ello, el padre de la chica, se tenía quedar por aludido, si es que todavía no le había llegado la nueva a sus oídos por algún comentario de vecino o amigo.
A estas alturas del ritual sólo quedaba un paso para oficializar aquello, entrar a la casa del futuro suegro y decirle aquello de: Mire Ud., con su permiso, quiero salir con su hija y voy con buenas intenciones. La escena solía desarrollarse en la mesa camilla previa solicitud de la chica al padre, quien seguramente no ponía objeción alguna. Aún así, el trago había que pasarlo, por lo que llegar a tener novia oficial era la culminación de un largo y paciente proceso. No era estar casado; pero casi.
Actualmente en cambio, nada de nada, se llega a esto desde el primer día en el que la hija o hijo se presenta a diario con el colega que aparte de ¡Buenas tardes! no te ha dicho ni mu. Digo yo que será por no pasar el trago; pero puestos a no pasar y ser modernos, que lo sean del todo. Vamos, que se casen en las Vegas, vengan a casa unos días después, presentándote al marido o mujer; de modo que los padres, nos ahorremos el trago de la boda también.

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