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Tal como éramos IV 25 jul. 2009 21:59 Plácido Guardiola Jiménez

«Riada de Santiago de 1913»



Inocencio Molina versa en la segunda parte la tragedia de una pobre mujer, de nombre Micaela, que se ve atrapada subiendo de la Cañada del Judío. La infortunada mujer en medio de la avenida se puso a salvo subiéndose a una olivera, tal y como nos narra Inocencio:

Portada del diario «El Pueblo» de 27 de Julio de 1913



II Parte
«La tragedia de Micaela»



A pesar de las anchuras,
bajaba con tanto brío,
que parecía el Mar Menor
la Cañada del Judío.
Cogió a una pobre mujer
a un hijo suyo buscando
cuando vino a darse cuenta
ya estaba en medio del lago.
Viéndose tan apurada
la infeliz mujer aquella
ya no tuvo más amparo
que subirse a una olivera.
Llamaba a todos los santos
de la corte celestial;
¡Abuela Santana mía
amparadme por piedad!
asomaba la cabeza
por encima del olivo
y en altas voces decía;
¡Amparadme esposo mío!
Aquella voz lastimosa
que su marido la oyó
¡Ay, esposa de mi vida,
que Dios te perdone, adios!
Viéndose tan apurada
aún tuvo buena advertencia
de atarse con un pañuelo
que se le iba la cabeza.
Nueve o diez horas mortales
estuvo en el olivo
hasta que el agua amaino
y se la llevo el marido.
Por en medio de aquel fango
como Dios la encaminó,
aquí caigo, allí levanto,
en sus brazos la sacó.
Aquella pobre mujer
con tanto pasar fatigas
en brazos de su marido
iba más muerta que viva.
¡Oh católicos cristianos!
debemos creer hay un Dios
que aquella pobre mujer
de milagro se salvó.
Y damos gracias a Dios
que no ha habido más tragedia
que las mulas del carruchas
y el susto de Micaela.
Dentro de muy pocos días
otra avenida bajo,
como el daño estaba echo
ya no llamó la atención.
Y por más que no hizo son
bajaría bien repleta
que al puente de la vía férrea
le hizo dar la vileta.
No quiso ser ermitaño
y allí se quedó arrestao
y se quedó asobinao
para Dios sabe los años.
A lo menos se creía
la compañía ferroviaria
que la rambla de Jumilla
era de poca importancia.
Con tanto economizar
han hecho una barraqueta
para dar paso a las aguas
de la Fuente de la Teja.
Ya está la rambla en lo suyo,
ya está la rambla en su ser,
ya pueden tomar medidas
de lo largo que ha de ser.
Amados lectores míos:
no paso más adelante,
que yo no soy estudiante
y me están dando escalofríos
y por si acaso desvarío
me siento sobre la hamaca
y les pido por favor
que me perdonen las faltas.


Inocencio Molina

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