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Dia de romería 7 may. 2009 23:08 llanerosolitario

Son las primeras horas de la mañana y a la puerta de la Iglesia Mayor de Santiago los romeros esperan el alba. Piensan en su Cristo Amarrado a la Columna, en la liturgia que les aguarda. Que tendrá esa misa que todo el pueblo quiere escucharla, y que por falta de espacio, mucha gente queda con las ganas. Es el segundo domingo de Mayo, el día de la romería a Santa Ana. Días de labrar las viñas, que pronto llegara la manual escarda. Ya rilean las cepas al salir el sol, esos reventados brotes, por la fuerza de la sangrina sabia. Al Cristo la cantan la misa, sus fieles le gritan vivas y salvas, el cura bendice la marcha, en la calle espera la multitud como tal riada. Cuando por la puerta asoma, a hombros de sus portantes, que pelean por coger sus andas, vuelan las golondrinas dibujando la torre de la iglesia, su casa, su lugar de culto, su morada. Las campanas despiertan al pueblo, rompen el silencio de la mañana, llaman a romería, a acompañar al Cristo, al monasterio de Santa Ana. Por la calle de Santiago sale a la plaza, de Arriba la llaman. De Jumilla la más antigua, lugar de Prendimientos y Tamboradas. Los rayos del sol le buscan la cara, por entre las estrechas calles, arañando los tejados de las centenarias casas. Llega al arco de San Roque, de la calle de Rodenas baja, los Armaos le preceden, con el estandarte abriendo la marcha, que parece una paloma al vuelo, que al son de los tambores mueve sus alas. En estos días de Mayo donde la naturaleza saca panza, el verde del campo, que con el azul del cielo, su pureza realza. Ya vendran los días secos, de colores marchitos, de sombra añorada, de deseada lluvia, que para el campo hará falta. Se van dando los relevos, los anderos del Cristo muestran su templanza, de Jumillano profundo, de llevarlo metido en las entrañas, de andar con orgullo, a los pies de su Cristo, en la alegre mañana. Por la calle de la Feria, pasado ya el jardin de la ranas, llega a la esquina de Juan Guillen, la farmacia. Todo es avenida, con nombre de su madre, que en la ermita de San Agustín le aguarda. Los caballos y sus jinetes romeros esperan, que pase la imagen venerada, con las fritillas y los churros tomados, con el humeante chocolate que calienta la espalda. Una romería sin caballos, carros, galesas y tartanas, parecería nada. Atrás queda su pueblo, quiere mirarlo y vuelve la cara, pasara casi un año, antes de volver a andar, sus calles y plazas, cuando llegue la Semana Santa. En la ermita, la despedida, algunas lágrimas por gente derramadas, en los cristalinos ojos cargados de añoranza, quizás por la persona que tuvo a su lado y ahora le falta. Asi es la vida y nadie puede cambiarla, en lo humano de cada uno, en nuestra fe, en nuestra esperanza. Qué mueve a tanta gente, de edades y condiciones varias. De creyentes y ateos, de tragamisas y negados de escucharlas. De gente que se santigua, de otros que con la indiferencia a la fe tratan. Del que espera horas en la ermita del monte, esperando su llegada, y de aquel que ni por la puerta pasa. Del que pelea por sus andas en las apreturas de la gente, y del hipócrita que cogido al madero, nada siente.

1 comentario :

  1. Anónimo10/5/09 9:22

    Qué poesía más bella.
    Una lástima que no tenga firma. La de nombre y apellidos
    Fmdº. Templarios de Jumilla
    Chancillería General

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