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¿INMINENTE? 26 mar. 2009 00:11 Bartolomé Medina

El pasado día 21, con motivo del nombramiento del Nazareno de Honor, se proyectó un vídeo promocional de la Semana Santa de Jumilla en su 600 aniversario (qué rápido pasa el tiempo) y lo iniciaban unas imágenes del Jardín de las Ranas (¿porqué nadie lo llama Plaza de la Constitución?) desde distintas perspectivas. En ellas, como era de prever, aparecía la vieja Casa de los Molina. Por supuesto, dado que el vídeo se debió montar antes, no asomaba la cabeza el corralito. Ese vídeo se va a distribuir, según aseguran los responsables de la Junta Central, por toda la geografía española. Los turistas potenciales observarán pormenores de edificios que virtualmente no existirán en el momento de la visualización. Es como si el vídeo quisiera reirse de nuestra incuria. Lo merecemos, sin duda, y merecemos todas las mofas y bofetones que nos propinen a los jumillanos, porque, y a pesar de que en cierto modo lo que dice Plácido es cierto, en el caso particular de la Casa de los Molina la sentencia de muerte fue dictada hace por lo menos diez años. En aquel momento sí hubo una aferta en firme por parte de una cadena de hoteles para ponerse de acuerdo con la familia a través del Ayuntamiento, pero intereses personales desbarataron la operación. No se hizo lo que se debía hace diez años y hoy pagamos las consecuencias. La ley no es la responsable de la ruina de esta casa en concreto, sino la prevalencia de pasiones personales sobre el verdadero interés público en personas que eran responsables de esa misma cosa pública. No vengamos con paños calientes y disculpas de última hora, la ruina de la Casa de los Molina dura una década, la desatención a su presencia otro tanto y el silencio culpable durará siempre.

Podemos echarle la culpa del desplome de una casa de doscientos metros cuadrados a una ley, de acuerdo, pero la culpa de que la casa más grande de Jumilla se desplome nos la tenemos nosotros, que no hemos movido un dedo, y por delegación nuestros representantes en la cosa pública.

Dentro de un par de años es posible que algún turista que visionó el citado vídeo acuda a Jumilla buscando tan egregio palacio, pregunte a un paisano y éste le responda, tan inocente como cínico: "¡Ah, el solar ese, pues dejamos que se cayera!

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