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Sin madre ni padre ni perrico que le ladre 7 jul. 2012 20:35 Plácido Guardiola Jiménez

«El afecto sólo con afecto se paga»



Marujita, así le llamo yo, a un proyecto de gata que quiere sacar adelante mi hija. Digo proyecto, porque la pobrecilla le va a costar más desaturdirse que a nosotros salir de ésta crisis.
Desahuciada del nido de su madre, vino a caerse Marujita por el muro del patio donde la enganchó el perro de cuyas fauces se la quitaron los amigos de mi particular San Francisca de Asis, la cual viene a creerse la madre adoptiva de cualquier bicho viviente desfavorecido. Marujita es una gata bastante vulgar y corriente en su pelaje y raza, lo que me hace más difícil entender porque mi franciscana se ha fijado en ella. Ya lleva más de una semana entre nosotros, apenas coge en mi mano y, al menos, se ha zampado cuatro tarrinas de un mus especial para gatitos de «Royal Canin» (de los que valen un ojo de la cara), las heridas que traía se le han curado aun cuando le siguen lagrimando muchos los ojillos que se le lavan varias veces al día. Total, una ruina, de tiempo, dedicación y esfuerzo a un animal cada vez más gracioso y agradecido que se aferra, contra todo pronostico, a la vida.
Debo confesar que pasado mi enfado inicial por aquello de recoger en mi casa y bajo mi pecunio a la fauna desfavorecida como si fuera una ONG, el animalillo es de lo más simpático y agradecido.


Al final, como se ve cada día más fuerte y cuidado ha debido pensar que sus padres son esas personas grandotas que le dan la tarrina, le limpian y curan varias veces al día. Apenas nos oye y sale correteando torpemente hasta llegar a nuestros pies emitiendo una serie de tímidos maullidos, como los de cualquier cachorro llamando a su madre. Total que al final se te abren las carnes y dejas escapar esa ternura escondida que no quieres ir mostrando en público y, hasta por un momento, terminas creyendo que eres el padre de la criatura.
Yo comprendo a Marujita, pues ella está sin madre ni padre ni perrico que le ladre; pero me cuesta entenderme a mi mismo que, de no desear animales en casa, he pasado a estar pendiente del bicho. Pero claro la lección es sencilla: la ternura y cariño se pagan en la misma moneda.

3 comentarios :

  1. Laura Guardiola7/7/12 23:01

    ¿Como no la vamos a querer?.... ¡si es una monería! :)
    ¡¡¡¡Muy buena entrada!!!!

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  2. Marina Simón8/7/12 13:36

    ¡que bueno! y que bonica esta Marujita??!! me alegro de que se haya ganado vuestro cariño y un "post" de El Rendrijero!!! y me gusta mucho la lección final.

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