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Tal como éramos III 24 jul. 2009 18:46 Plácido Guardiola Jiménez

« Horrorosa catástrofe»
El 27 de Julio salía el número 218 del semanario «El Pueblo» con la Crónica de las tormentas del día de Santiago en su portada. En el inicio de la misma, se decía:
«Día nefasto para Jumilla ha sido el de Santiago y escrito quedará en la memoria de los jumillanos con caracteres indelebles»
Poco después, escrito en una hoja se repartía la versión en verso de la tragedia que, con gracia y cierto humor, escribiría Inocencio Molina y cuya primera parte reproducimos a continuación:

I Parte
«Lo acaecido en Jumilla el 25 de Julio de 1913»



          
Purísima Concepción:
     dadme fuerzas, madre mía,
     para poder explicar
     las escenas de aquel día,
     Día de Santiago fue,
     Patrón de cuerpo montado,
     después de tanta sequía
     todo lo dejó arrasado.
          Entre las doce y la una
     se presentó una neblina;
     y todo el mundo creía
     que eran truenos de calina.
     Antes de treinta minutos,
     fueron muchos los quebrantos,
     y entre la piedra y el agua
     causaron terror y espanto.
                    *****
          Nadie ha visto en este siglo
     una cosa tan atroz,
     lo que no derrumbo el agua
     la piedra lo machacó.
     En la aldea de la Alquería
     fue tan grande su poder,
     que varias familias se vieron
     a punto de perecer.
          Varias casas derrumbó
     en medio de la bravura,
     y tuvieron que salir
     con el agua a la cintura.
          Los muebles que había dentro
     salieron a las afueras
     iban encima del agua
     cual si fueran barquichuelas.
                    *****
          Un católico cristiano,
     pidiéndole a Dios de veras
     un Santo Cristo sacó
     y lo colgó de una higuera,
     por ver si con la reliquia
     espantaba al enemigo,
     y si tenía poder
     que liberara los higos.
          El católico cristiano,
     viéndose tan apurado
     tuvo que echar a correr
     y allí dejó el relicario.
          El Cristo allí se quedó
     sufriendo las inclemencias,
     un brazo al suelo cayó
     y parte de la cabeza.
          Cuando se paso el chubasco
     salió a recoger los restos,
     como hacen con los soldados
     en la guerra de Marruecos.
                    ****
     Vamos siguiendo la pista,
     aunque sea por las orillas,
     y veremos lo que ocurre
     en la rambla de Jumilla.
     Cuatro avenidas salieron
     y todas a la carrera,
     la Jimena, la Alquería,
     Gamellón y la Pedrera.
     Como el empuje era grande
     era la fuerza anormal,
     que al huerto de Pepe Caiz
     fueron a desembocar.
     Y si Dios no lo remedia
     no volverá a edificar
     como no traiga tierra
     del campo del Capitán.
     Buen rastrojo le ha quedado
     para remediar sus males,
     piedras para edificar
     y riscos de cien quintales
                    ****
     Llegó la fuerza al Pontón
     del molino de la Parra
     y lo arrancó de raíz,
     que tantos años contaba,
     y llegó al Molinico,
     como obra más interior
     antes que llegara el otro
     del susto se escachifló.
          Llegó al de la carretera
     aquel se mantuvo firme;
     ya que no pudo otra cosa
     le volcó los adoquines.
          Como se mantuvo firme
     ya no pudo hacer escollos,
     y fue cuando peligró
     la era de Juan el Pollo.
     La yesera de Manolo
     y las mulas de carruchas
     y el puente con dos ojos
     marchaban en carretera
     a llevarle la noticia
     al puente de la vía férrea.
                    ****
          Por más que se dieron prisa
     y marchaban en bicicleta
     cuando llegaron allí
     ya estaba dando viletas.
     Como estaba de una pieza
     se cansó de navegar,
     se sentó en San Agustín
     viendo a los demás pasar.
          Por encima de él cruzaban
     los olivos y arbolados
     y en su lengua decían;
     poco servicio has prestado.
          No hay quien lo mueva de allí
     que tiene muchos reaños,
     mejor será que le den
     el empleo de ermitaño.
     Al desembocar la rambla,
          Por más que no hubo tormenta
     vino a pagar la patente
     la viña de Angel Atienza.
     Y no es porque yo lo vi,
     según me contó mi abuelo,
     ya no cojera más uvas
     si no planta otro majuelo.
          Cansado de mil fatigas,
     dejo la pluma y descanso;
     en otra segunda parte
     continuaré mi relato.



Cuando leí por primera vez estos versos pensé que el autor se tomó alguna licencia y exageró algo los términos; sin embargo, a mediados de los ochenta con motivo de la preparación del libro Jumilla Ayer, descubrí con asombro que efectivamente el puente de la vía férrea «El puente de hierro» había bajado más abajo de San Agustín. Como prueba gráfica del suceso abajo dejamos la imagen.



FOTO: Autor desconocido ARCHIVO: Familia J. Vicente Toda

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