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Ruina inminente (I) 22 mar 2009 09:31 Placido Guardiola

«El corralito de la Pacheca»



El ingenio popular en un arranque de humor ácido e ironía fina ya ha bautizado como «Corralito de la Pacheca» las obras de protección efectuadas ante la casa que fuera de Dª Amparo Molina, declarada en ruina inminente. Ni que decir tiene que ver el murito y la valla duele a todos, incluidos los que a estas alturas de la película han tenido que adoptar esa decisión para evitar males mayores.
Tampoco cabe duda de que llegado a este punto y con los informes técnicos en la mano, no era posible otra solución que la adoptada, que de seguro, causó en quien la tomó tanto disgusto como en quienes contemplan el efecto de las medidas. Sin embargo, cabe preguntarse, debemos todos reflexionar, si en lo sucesivo, casos como este se pueden evitar sin tener que llegar a estos extremos. Porque tener, tenemos otras viviendas en situaciones parecidas, sin ir más lejos, frente a nuestra casa Consistorial. Se imaginan por un momento un corralito similar allí, con la entrada al Excelentísimo Ayuntamiento cortada amen de la calle de la Feria.
La solución no es fácil, máxime si se trata de bienes catalogados por cultura como en estos casos.
Descatalogar estos edificios es una solución, desde luego; permite derribarlos y seguramente a la larga (se van a tardar unos años), que el dueño para entonces del solar pueda con total libertad construir en él sin tener que ceñirse a los siempre estrictos criterios de cultura. Cabe entonces preguntarse de qué sirve la ley de protección que los protege y declara los bienes de interés cultural. También cabe la duda en el ciudadano de a pie de si el llegar a estas situaciones no responde a refrán que dice «Puesta la ley, hecha la trampa».
No sería más lógico una normativa de protección más racional y flexible, que permitiese demoler una casa siempre que se respetasen los volúmenes y fachada actual conservando su diseño, decoración y estilo. Esto abarataría enormemente la obra permitiendo una renovación de los edificios catalogados. A la larga, facilitaría en mayor medida conservar lo que es patrimonio de todos: la imagen y memoria de nuestros edificios, calles y plazas.
Lejos de eso, la normativa es bastante estricta, obliga por ejemplo a conservar el viejo muro de fachada, realizado en su día a base de piedra y barro (para lo que hay que construir un fuerte andamiaje que lo sostenga), impidiendo a su vez la colocación de plumas o grúas de obra. En definitiva, que un bien catalogado por cultura, disuade a cualquier constructor o promotor y su destino o es público o será un solar inmundo por un tiempo donde construir «libremente».

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