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Carta abierta a un empresario rotulista 3 mar. 2009 07:36 Plácido Guardiola Jiménez

Estimado paisano y amigo Joaquín:
En primer lugar, le agradezco su comentario e información, que en definitiva viene a confirmar que los carteles valen lo que en su día ya adelante, alrededor de los 2000 €. Convendrá conmigo además que, con independencia de quien pague el cartel ,su importe finalmente recaerá en el cliente que encarga la obra, por tanto, los ayuntamientos.
Entiendo que mi artículo leído literalmente puede interpretarse como un posicionamiento por mi parte en contra de las empresas de su sector, que como supone me consta pagan sus impuestos, crean riqueza y seguramente como el resto lo está pasando mal en esta crisis. Le puedo asegurar que nada más lejos de mi intención, a la vez que espero que nadie haya sacado esa conclusión, si es así, reconozco mi gran torpeza escribiendo y expresándome. En ese sentido, los carteles dentro del absurdo que puedan parecer, ayudan a honrados empresarios como Ud. a generar riqueza y empleo. No me cabe ninguna duda Sr. Joaquín. Pero la intención última del artículo, como puede suponer no es esa, sino hacer ver que este «Plan E» que nos presentan como panacea frente a la crisis no es sino una cataplasma caliente que parchea una situación más grave. Nunca he negado, sería absurdo hacerlo, que esos carteles, como el «Plan E» en su conjunto, ayuden a empresas y familias unos meses; pero trascurrido un tiempo volveremos no ya a la misma situación de partida, cuando no a otra peor, ya que ese dinero no sale de un activo monetario real del Gobierno, sino de un aumento de su deuda pública, por tanto, de nuestra deuda.
En otras palabras, a Ud (deseo y espero que así sea), le encargarán unos cuantos carteles que le permitirán mantener el volumen de su negocio unos meses, trascurridos los cuales, estará como ahora. Ese y no otro era el sentido último de mi artículo ( al que no le niego le puse algo de chanza , ironía y humor), hacer ver que hasta en los detalles el famoso «Plan E», no deja de ser una auténtica chapuza, empezando por el gasto en los carteles. Pretendía destacar el absurdo de un plan que ya en su propia propaganda y difusión se gastaba una parte sustanciosa de un dinero que tenemos que pedir prestado, mientras que al mismo tiempo, no se plantea otras alternativas y soluciones que vayan a la raíz del problema y busque el sentar las bases de la creación de riqueza y empleo futuras. Es decir, no aquello de: «pan para hoy y hambre para mañana». Una familia invierte se empeña y adeuda cuando cree que esa inversión será productiva para el futuro, si lo hace para seguir tirando, a la larga complica su situación.
Piense en lo siguiente: los ayuntamientos de nuestro país deben a empresarios como Ud mucho dinero, dinero que en estos momentos sería su solución o la de sus empresas y empleados. Recordará que no hace mucho vimos a un empresario en un intento de suicidarse quemándose a lo bonzo frente a la casa consistorial. Le diré un dato, la propia Federación Española de Municipios ha estimado la deuda de los ayuntamientos en España en una cifra que supera los 30.000 millones de euros y la mayoría de ellos han cerrado en números rojos el ejercicio 2008. En este sentido, el propio Gobierno estima que este déficit se mantendrá hasta 2011. Pues bien frente a eso, nuestro Gobierno nos propone un «Plan E» de 8000 millones de euros ¿No cree que sería más honrado pagar a aquellas empresas que han cumplido sus contratos, han hecho el trabajo y no pueden cobrar? Yo personalmente, creo que sí, y esto también ayudaría a mantener empleo en estos momentos
En cualquier caso mi querido amigo y paisano, me alegra saber que a pesar de mis críticas al «Plan E», este sirva para que tengan algo de cuello durante un tiempo empresas y personas como Ud y que algunos recintos de nuestro pueblo queden sensiblemente mejorados; pero de corazón se lo digo, todo esto en el fondo, me parece equivalente salvando las distancias, a aplicar una cataplasma caliente a un enfermo de cáncer.
En confianza, creedme amigo Joaquín, cuando uno habla de la cosa pública y sus soluciones siempre, siempre, hay afectados que se pueden sentir perjudicados, pero por ser precisamente pública hemos de procurar que éstos sean los menos.

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