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Nuestro cambio político 14 ene. 2016 08:18 Plácido Guardiola Jiménez

La comedia nacional «Tiempos modernos»

El postureo político

De no ser por lo mucho que nos jugamos y lo serio que es el tema, diría que la situación de nuestra política nacional es una comedia loca disparatada, de enredo y humor comparable a las antológicas “Golfus de Roma” de Richard Lester, “La última locura” de Mel Brooks”, “El guateque” de Blake Edwards con Peter Sellers de protagonista, “Una noche en la ópera” con la célebre escena del camarote de los Hermanos Marx; pero en esta situación me quedo con la de “Tiempos modernos” de Charles Chaplin, pues supo reflejar con humor los trágicos efectos de la alienación en el trabajo en la producción taylorista de las cadenas fabriles.
Si en la película Chaplin representaba al trabajador desbordado por la cadena infernal de montaje atrapado en los enormes engranajes del sistema, en la realidad nacional, Pedro Sánchez lo está por muchas razones. En primer lugar, porque le guste o no ha conducido al PSOE al peor de los resultados posibles, mientras un Podemos al alza le sigue a la zaga por la izquierda comiéndole el terreno.
En segundo lugar, porque aún teniendo la llave de la situación, se encuentra, como Chaplin en la película, atrapado en los engranajes del sistema político español. De forma que si pacta con el PP en un gran pacto de Estado se lo termina de comer crudo su electorado de izquierdas. Si hace un pacto de progreso o izquierdas como llama él con Podemos, se lo termina merendando la formación morada. Si ambas soluciones son malas para su formación, peor si cabe es dejar que todo intento se vaya al garete y nos veamos en primavera ante una nueva convocatoria electoral. En este último caso, al margen de que las cosas no cambiarían mucho es posible que los de Podemos se acerquen mucho más al posepaso que pretenden y ansían los morados. Elija lo que elija Pedro Sánchez, lo tiene crudo, pero muy crudo.
«...no nos conviene tampoco que un partido como el PSOE se vaya ahora a hacer puñetas"»
También lo tenemos los españoles, a los que creo no nos conviene tampoco que un partido como el PSOE se vaya ahora a hacer puñetas. Cosa que están temiendo algunos socialistas históricos como Joaquín Leguina, Concuera, Fernández Vara o Susana Diaz su presidenta, entre otros muchos.
Pablo Iglesias en Podemos, juega entre tanto a repetir las elecciones, llama insensatos a los varones y vieja guardia socialista por aconsejar a su líder sensatez y mesura de Estado a su líder, pues él quiere pactar con la gente “progre” y “guay” del PSOE no con estos socialistas que representan la casta reaccionaria.
El otro gran perdedor, Rajoy, armado de sentido de Estado predica un gran pacto a tres de responsabilidad institucional que de credibilidad al país en un momento en el que dependemos de la financiación externa. Rivera por su parte juega a ser el gran muñidor del acuerdo entre los dos grandes partidos que ni se miran, ni se escuchan.
«...todo es comedia, una burda comedia donde se acentúan las ya celebres "Líneas rojas"»
Pero todo es comedia, una burda comedia donde se acentúan las ya celebres «Líneas rojas» unas diferencias que sólo sirven para representar unas diferencias que en la realidad no existen salvo para ganar simpatías y votos en un escrutinio electoral, pues luego a la hora de gobernar, todos incluidos los emergentes, harán simplemente lo que puedan y dejen. Poder, lo que se dice poder cada día pueden menos los Estados, pues pierden capacidad de acción ante los retos económicos que impone la globalización de la producción y las finanzas y su propia cesión de soberanía a organismos internacionales (como la U.E: en nuestro caso). Eso sí de cara a la galería hay que seguir el viejo guión de las diferencias ideológicas insalvables la izquierda con su cantinela de salvar los servicios públicos y cobertura social; la derecha con la suya de controlar y gestionar bien las arcas públicas. Pero la realidad es que unos y otros no pueden hacer más de lo que pueden, es decir, recortar y recortar ya que los servicios públicos valen un pastón del que se carece y cada día ante la crisis se hace evidente que la teta no da para más. Pero si esto no se hiciera evidente, ya esta Bruselas dispuesta a recordarnos lo del control del déficit.
«Podemos, no haría una política económica diferente a la de la vieja casta y no la haría, simplemente porque no podría..."»
Digan cuanto digan algunos la realidad es que, entre todos ellos, monta tanto, tanto monta. Eso sí de cara a la galería hay que marcar fuertes «Líneas rojas» inexistentes. Si cabe, me atrevería a decir más, un hipotético Gobierno de Podemos, no haría una política económica diferente a la de la vieja casta y no la haría, simplemente porque no podría ¿Acaso está haciendo algo distinto el gobierno de Tsipras en Grecia? Tsipras en Grecia es el equivalente al Podemos español; sin embargo, está haciendo la misma política de recortes sociales que la rancia casta de la derecha. ¿A qué viene entonces tanto aspaviento de unos y otros? Al postureo y rédito electoral, al quítate tú que me ponga yo, pero la única diferencia entre la vieja casta y los emergentes es que los primeros ya han demostrado su falta de honradez pública con la corrupción que a ambos les salpica y, los segundos, la tienen por demostrar. Mejor dicho, algunos ya dan indicios de cual alta es esa honradez pública antes de tocar poder.
Que nadie se engañe, nuestro sistema político es caciquil tanto en sus formas (leyes electorales, sistema de representación, funcionamiento interno de los partidos…), como en su funcionamiento. Nos va pasar el rodillo al contrario, tenerlo todo amañado gobierno mayoría en el parlamento y jueces afines. Aquí o eres de los míos o te niego el pan y la sal, o eres del R. Madrid o del Barcelona CF y, seamos de lo que seamos, nada de reconocer los méritos del adversario, mucho menos sus opiniones. Es nuestro destino, lo ha sido en los dos últimos siglos.
Ni nuestra clase política, ni nosotros como ciudadanos sabemos conducirnos en un marco abierto, sin mayorías absolutas o fáciles (comprando un puñado de votos al facismo nacionalista interesado), sin caudillos somos ingobernables. Pues miren Uds. aunque nos metamos en el verano sin Gobierno, aun cuando repitamos las elecciones para volver de nuevo a esta situación, las cosas funcionaran igual que si lo tuviéramos felizmente constituido. Eso sí el dinero, que es el más miedoso del mundo, buscara otros países donde dejarse invertir, en todo caso nos lo prestarán en peores condiciones. Mientras tanto los auténticos enemigos de nuestra débil democracia, los nacionalistas, sangraran más el hígado del país aprovechando nuestras disputas de postureo.

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