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El debate que ganó Atresmedia 9 dic. 2015 16:25 Plácido Guardiola Jiménez

El debate de los pipiolos «El show del Debate Decisivo» 

El show del debate

Seguramente soy de las personas que cabria calificar de muy interesado en la política y, como casi diez millones de compatriotas, el pasado lunes me dispuse ante el televisor esperando ver el llamado «Debate Decisivo». Debo confesar que ni siquiera mi espíritu de animal político pudo tragarse la completa retransmisión del debate de marras. Lo siento, yo esperaba un debate y me encontré una liturgia aprendida de los asesores de imagen en un intento de ganar al adversario, de quedar bien ante las cámaras.
Al finalizar el mal llamado debate, falto tiempo para que los medios decidieran quien había salido ganador, quien perdedor; pero lamento decir que el único vencedor de tal engendro no fue otro que el grupo  Atresmedia que logró vendernos la moto del «Debate Decisivo», y que, finalmente, resultó no ser ni debate, ni decisivo.
Para unos (los medios más afines al gobierno y el grupo de personas mayores y residentes en el mundo rural) lo ganó la vicepresidente Soraya Sáenz de Santamaría. Para otros (los medios más díscolos junto a jóvenes, activos y urbanitas), lo ganó Pablo Iglesias que se mostró más desenvuelto, para todos menos para El País lo perdió Pedro Sánchez y la mayoría coinciden en que Albert Rivera estuvo muy tenso. Para mí que, tensos, lo que se dice tensos, lo estuvieron los cuatro pues ellos fueron los primeros en creerse que aquello era decisivo.
A los señores Sánchez y Rivera la chaqueta les quedaba corta, al menos una talla, si bien es cierto que uno la llevaba a juego con el traje (Sr. Rivera), el otro (Sr. Sánchez), iba de progre y llevaba pantalón vaquero. Vamos un toque de rebeldía y frescura en un partido del sistema y añejo. Ya saben, cosas de la imagen y los asesores. El Sr. Iglesias iba como siempre de progre y anti-sistema que es lo que se le da bien y todos esperan de él (camisa desabrochada, pulseras indígenas y coleta incluida), todo un canto a la juventud y recambio que quiere representar. La Sra. Sáez de Santamaría, formal y seria en el vestir con unos taconazos de madre y señor mío (tenía que ganar altura en el debate), con la lección bien aprendida y recitando como la niña empollona de la clase el catecismo del gobierno (que si el esfuerzo realizado, la recuperación, el nosotros o el caos).
«...dónde ve cada cual el ganador de aquella cosa, yo veo quien perdió de verdad el debate, lo perdimos todos»
Todavía me pregunto dónde ve cada cual el ganador de aquella cosa, yo veo quien perdió de verdad el debate, lo perdimos todos, lo perdió España porque allí no se debatió nada salvo pequeños rifirrafes que se intercambiaron unos y otros. Especialmente los señores. Sánchez e Iglesias que compiten el mismo espacio electoral, fuera de eso lo consabido de siempre.
Ninguno hablo de que hacemos con un país donde más de tres de cada diez españolitos ( el 31,7%) o son pensionistas, prejubilados o lo van a ser antes de terminar la legislatura que aspiran a gobernar y en los que se carece de recursos para mantener lo que todos dicen que mantendrán (las pensiones me refiero). De los siete que restan dos hay que mantenerlos pues o son niños o cursan estudios obligatorios de los cinco que nos quedan dos están con trabajo precario o en busca del primer empleo. Los tres restantes son los que trabajan y cotizan para mantener este cotarro que no se sostiene y hace aguas por todas partes. De todo esto no se dijo ni mu.
«...nada se dijo de la reforma del IRPF que es el manantial del que se nutre el Estado.»
Se hablo de reformar el sistema, pero nada se dijo de la reforma del IRPF que es el manantial del que se nutre el Estado, al margen esta de los impuestos indirectos. Yo oí hablar de bajar los impuestos pero no de reformar en serio nuestro sistema tributario. Les recuerdo que prácticamente un tercio de españolitos tienen a sus expensas a otro dos tercios. Vamos que en este país curra uno y debe sostener a dos más.
Lo saben bien ellos, sobre todo los partidos más consolidados PP y PSOE, el primero de ellos está centrando su campaña en los mayores de 55 años del medio rural. Son sabedores de que ahí está su caladero. Todos los teóricos coinciden en que la bomba demográfica de la vejez irrumpe con fuerza por primera vez en éstas elecciones dividiendo por una parte a los mayores de cincuenta y cinco años que, ante la incertidumbre, optan principalmente por el mal menor (uno de los partidos de siempre, principalmente PP), Por otro lado queda una juventud sin horizontes de estabilidad en empleo alguno. Estos últimos, junto al grupo de adultos activos 35/54 años hartos de presión fiscal e impuestos y residentes en las ciudades de más de 100.000 habitantes son los que apuestan por los llamados partidos emergentes: Podemos y Ciudadanos.
Así están las cosas en este lugar que llamamos España y en realidad es un maremágnum de 17 califatos donde uno quiere ir de por libre; pero de esos problemas no hablaron los cuatro del «Debate Decisivo», presumieron de jóvenes (por eso quizá no acudió el viejo registrador de la propiedad y mandó a la “niña”. Allí debatieron del y tu más, de si soy casta o cambio, de si visto más informar oclásico o si soy más alto (hay ganó Sánchez)... De lo que interesa, de lo que nos debería importar, nada de nada.
El espectáculo está servido, tomen asiento señores porque esto no ha hecho más que comenzar y todavía no sabemos quién baila mejor, toca mejor la guitarra, juega al futbolín o es el más intrépido aventurero. Pero tranquilos ya se encargaran los medios de darnos un nuevo espectáculo televisivo.

2 comentarios :

  1. Los grandes problemas que hoy tiene España están cuidadosamente excluidos de estos sedicentes debates, de forma expresa o tácita, porque a los candidatos no les gusta meterse en jardines difíciles o inconvenientes... Lo que importa es que a los candidatos les vean las caras todos esos millones de espectadores, buena parte de los cuales no entienden lo que dicen los debatientes -a veces es que resulta imposible-. Sabido es que Kennedy le ganó a Nixon las elecciones porque en el último debate éste sudaba y tenía el rostro ensombrecido por la barba de las ocho de la tarde.

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  2. También se huye como de la peste el tratar temas escabrosos, como la prostitución, las drogas, la eutanasia...

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