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El puesto de trabajo 15 nov. 2011 08:32 Plácido Guardiola Jiménez

«Formar para el futuro»

En la actualidad la pérdida de puestos de trabajo es el primer problema de nuestra sociedad, de ahí que sea el eje de campaña de los candidatos del próximo domingo. Suponemos que la crisis está segando miles de puestos de trabajo; pero rara vez nos ponemos a pensar que tras la crisis lo que se esconde es el cambio de modelo productivo. Hemos pasado de un modelo de producción en masa El «Fordismo-taylorista» donde en las cadenas de montaje mediante una exhaustiva división del trabajo se dividían las tareas pequeñas de cada operario en una descripción de habilidades y conocimientos mínimos que este requería para desempeñar cada «Puesto de trabajo» específico. El famoso «Puesto», es una creación del taylorismo, donde procesos completos se desmenuzaban en tareas y puestos más sencillos. Poner en marcha un proceso requería grandes inversiones y minuciosos estudios descriptivos de los puestos y tareas que lo componían. Por eso eran realizados a largo plazo, cambiar la cadena era algo impensable y costoso, un puesto de trabajo era «para toda la vida».


Hoy con el modelo de producción «Flexible-Toyotista» los modelos son más abiertos y nada detallados, deben adaptarse al gusto cambiante de los mercados, hoy producen esto y mañana quizá tengan que producir algo distinto, por otra parte, las tareas repetitivas han sido automatizadas en brazos robot y las nuevas tecnologías se ocupan de los procesos de control. Por tanto el modelo de trabajador que necesitan no es el que tiene unos conocimientos específicos para una tarea; sino el que posee unas capacidades susceptibles para adaptarse y dar respuesta adecuada a los distintos retos que se presentarán mañana. Ninguna marca, ninguna empresa se plantea procesos productivos que durarán en los mercados, ya no décadas, sino como mucho lo que queda de temporada. Un puesto de trabajo no es ya para toda la vida.
Por ello se requieren trabajadores con capacidades, no con conocimientos específicos; sin embargo, el sistema educativo en su conjunto sigue formando en conocimientos no en capacidades. No me vale que me digan que ya con la LOGSE o ahora con las famosas adaptaciones universitarias al plan Bolonia los curriculos, programas y guías docentes los hacemos en base a capacidades y no en base a objetivos y contenidos como hacíamos antaño. Hemos cambiado la letra en el papel; pero en las aulas hacemos lo de siempre, pues las capacidades se trabajan y desarrollan en situaciones reales o simuladas no sentándose cuarenta sujetos ante otro que les cuenta la película, aunque ahora sea con pizarra digital en el mejor de los casos.
Decimos que la juventud actual es la mejor preparada y todos participamos de esa gran mentira, en realidad es la generación que más años de sistema educativo ha consumido, pero seguramente es la peor preparada para lo que el futuro les depara, la hemos formado para un sistema productivo que hace años dejó de existir.

1 comentario :

  1. El primer problema de la sociedad es la crisis de valores. Esa que nos llevó a crecer por crecer (económicamente), en vez de hacerlo humanamente. Por eso los puestos de trabajo desaparecen, porque una vez hechas todas las infraestructuras, todas las máquinas, ... ya no hay trabajo que hacer. Al menos, ya no tanto. Y si no lo repartimos, pues unos tendrán y otros no.
    Aunque me gusta tu reflexión, como estudiante he de decir que las capacidades son casi imposibles de enseñar en un aula, sino que se adquieren con la experiencia. Y que los conocimientos son necesarios, pues por mucho que te adaptes, si no sabes qué hacer... Por supuesto, enfocando bien las cosas, como nos dijo un profesor hace poco "En la universidad enseñamos lo difícil, no lo útil. Para eso está FP". Y la verdad es que en pocas asignaturas nos muestran o nos hacen trabajar con ejemplos reales.
    El crecimiento económico estuvo bien un tiempo, pero ahora el mundo tiene que cambiar, y la gente darse cuenta de ello. No querer una tele de 50 pulgadas ultrafina en tu salón para tener dos horas al día para verla, sino unas condiciones dignas sin excesos superfluos y mucho tiempo para disfrutarlas.
    El egoísmo nos puede...

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