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Personajes entrañables II 4 oct. 2010 06:00 Plácido Guardiola Jiménez

«Antón Picolla»


Era Antón de natural bonachón y afable, siempre lo recuerdo con una sonrisa amable o con una de sus frases celebres para resaltar que él andaba fuera del armario, no se escondía ni renunciaba de su condición. Eso en aquellos años, que a diferencia de ahora, era objeto de sanción y escarnio público. Beato y santurroncillovienen a mi memoria las tardes de Viernes Santo cortando claveles rojos para cubrir la peana del Cristo de la Expiración en la cochera que, en la calle del Alpicoz, tienen los del Santo Costado. "Nene has visto que precioso nos ha quedado” -me solía decir mientras añadía: “A ver si ésta noche me lo retratas bien”.
Muchas veces me ponía los dientes largos acerca de quienes en aquellos años seguían ocultos en el armario “¡Ay hijo si yo te contara! Te morirías del susto, si te dijera nombres…” Lo cierto es que Antón nunca me los dijo, ignoro si porque se trataba de una fanfarronada o del respeto que él profesaba a quienes, siendo de su condición, se ocultaban para evitar el rechazo y castigo social de la época. Sea como fuere, siempre que hablábamos de este asunto, remataba con aquella frase: “Porque sabes lo que te digo nene, que de tu bando al mío se pasan muchos; pero del mío al tuyo ninguno”.
En sus últimos años de vida lo recuerdo con aquella carretilla llena de cachivaches de limpieza camino del cementerio, a donde acudía a limpiar la tumba de su madre. Sepultura que, aunque nunca visité, no me cabía duda alguna que estaba tal y como él me la describía: “La tengo limpia como los chorros de oro”.
La visita a su casa era obligada la noche de Martes Santo al paso del Cristo de la Vida por su puerta, desde su muerte, la procesión aun cuando sigue pasando por allí, no es la misma. No están sus puertas abiertas, la botella de licor y la fuente de mantecaos para tomar el respiro de la cuesta. Tampoco se oyen sus lamentos de piedad y sorpresa al paso de algún penitente arrastrando las cadenas. “¡Oye nene, como va esa pobre alma en pena! Si no puede esa criatura con tanto sufrimiento ¿Por quién lo habrá ofrecido?”.
Un buen día me lo encontré en Santiago en el descansillo que hay antes de entrar a la sacristía, y me dijo: “Anda nene hazme un retrato de esos que tu sabes hacer por lo que valga, pero sácame guapo”. Ignoro Antón si allá, en el cielo te verás guapo en ésta foto que cuelgo en tu memoria y que nunca pude llegar a darte en vida; pero espero que al menos ella junto a esta breve semblanza sirva para rescatarte por un momento del olvido.

2 comentarios :

  1. De vez en cuando abro esta puerta al Rendrijero para "entral" como diriamos en Jumilla, a mi pueblo porque ésta es una forma de sentirme más cerca ya que vivo fuera de ahí. También me sirve para recordar, mejor dicho no olvidar a los personajes que como Antón Picolla formó parte del paisaje y paisanaje del pueblo y de los que por aquella época éramos unos zagalicos, le veiamos un "rarito" pero que nos hacia gracia el desparpajo con que se desenvolvia ante las críticas o licincerias del pueblo. Como tú bién dices Plácido, él ya "salió del armario" aunque seguramente le llamaria como siempre se le ha llamado... pues eso odo! de otra forma. Bueno solo queria decir que al ver y leer tu "retrato" sobre Antón he sonreido recordando "aquellos tiempos" y al personaje. Un saludo (Jumillana ausente)

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  2. desde aqui reclamo un monumento para Anton por aguantar tanta insolencia
    por sobrevivir a una epoca tan brutal y miserable y sobrevivir con dignidad
    Anton jamas estuvo en ningun armario nunca se le permitio.
    El jardin de los caños estaria muy bien para erigir un busto en su honor y desagraviar su memoria.
    Desde aqui aprovecho ,ya que hablamos de monumentos para sugerir a las autoridades de este pueblo para que quiten de una vez por todas los espantosos tamborcillos de la plaza de arriba y sean sustituidos por una estatua en honor de Anton Risicas vestido de demonio y hacer justicia a otro personaje que se lo curro bien
    los tamborcillos que se los lleven al barrio de san Juan.O que los despeñen en el Carche.

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