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La puta mili 6 may. 2010 07:55 Plácido Guardiola Jiménez

« ¿Ahora quién o no hace falta?»

Cuando en una de esas conmensurables madrugas a mi amigo Andrés le dio por pensar en la MMM (Mili Mixta y Moderna), su mente como siempre, no iba desencaminada. Claro, que el lector se puede quedar en el cascarón del artículo y con el viejo recuerdo de aquel tópico y fea expresión que pongo por título.
En el fondo Andrés no quiere ver la imagen de aquellos soldaditos rurales a los que venía grande el uniforme mientras pretendían en los parques a las jóvenes sirvientas de la capital. Tampoco de aquellos de las últimas hornadas, se pasaban durante la semana los días holgazaneando en los cuarteles, mientras fumaban y bebían lo que no estaba escrito en espera de licenciarse pronto. En el fondo no hablaba de eso, tampoco del servicio de armas, ni de la defensa nacional. No señor, su reflexión iba lisa y sencillamente, a algo que además de todo lo malo que podamos ver en aquella vetusta mili, tenía de positivo.
¿Qué tenía de positivo aquella mili? Tenía en muchos casos la experiencia de aprender a obedecer, a disciplinarse en la vida, a aceptar las normas, a conocer la solidaridad, a reconocer la autoridad, la ayuda y solidaridad del camarada, a sentirse parte de un colectivo llamado nación o España y, a veces, hasta de aprender aquello que no se había querido aprender de niño y joven, fuera un oficio o simplemente leer y escribir.
Esta parte segunda o positiva de la mili nadie la niega, pero los más sesudos y progresistas argumentan que esos valores los debe enseñar la escuela y los padres. Estoy de acuerdo con ellos ¿Pero qué ocurre si como estamos viendo ellos no lo hacen?. Alguien se ha parado a pensar si en el poco respeto a lo común de todos, la escasa disciplina que tenemos, el poco esfuerzo que estamos dispuestos a soportar y el escaso respeto que tenemos a casi todo no tendrá algo que ver con la supresión de la mili.
Ya se que eso que se llama principio de autoridad y respeto a los mayores, a los superiores (moralmente o por jerarquía), se perdió en las escuelas, también en seno de las familias, y en la calle. ¿Acaso eso no es un valor que debamos rescatar?
Si la respuesta es afirmativa, quién debe enseñarlo y dónde, porque para enseñar eso, el principio de autoridad debe existir, sea moral, jerárquica o carismática. ¿Existe hoy acaso en algún contexto social ?

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