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La crisis Moral 15 may. 2010 10:26 Plácido Guardiola Jiménez

«El dinero es lo de menos»

Hace ya más de un año que comenté que debíamos hacer ante la crisis parodiando la frase y espriritu del primer ministro británico Sacrificio esfuerzo sudor y lágrimas. En su momento algunos me tildaron de exagerado o gafé. Hablé de que el sarao que nos habíamos dado había que pagarlo sí o también; pero estas cosas no gustan leerlas, ni escucharlas de ahí que los españoles cerraran los ojos hace dos años y prefirieron escuchar el ronroneo de Solbes y no la sensatez de Pizarro, lo prefirieron tanto, que la batupelia mediática tituló al día siguiente Solbes gana por Goleada el debate a Pizarro. Sí, por goleada, pero ahora comprobamos que todos los goles fueron hechos fuera de juego y con mentira.
Como no me gusta ser mensajero de malas noticias, lo diré una vez más y espero sea la ultima, ni siquiera con estas medidas de recorte adoptadas saldremos, éstas solo pueden servir para acallar el nerviosismo de los mercados por unos días. Ni siquiera para eso, ayer especialmente la bolsa española y, en menor medida las del resto del mundo, volvían a caer. Esas medidas, al margen del juicio que nos merezcan (a mi injustas, tardías e improvisadas), no sirven si no van acompañadas de reformas importantes en nuestra sociedad, sin la conciencia de sus ciudadanos por arrimar el hombro, por un deseo unánime por cambiar el chip. Esto no es una crisis mundial, que lo es, para nosotros los españoles es, además, una crisis moral muy profunda.
Alcanzamos tardíamente la democracia sin ningún hábito democrático, sino todo lo contrario, una noche nos acostamos del movimiento y al día siguiente nos levantamos todos de izquierdas, rápidamente desterramos nuestro pasado, especialmente aquello que nos lo pudiera recordar. Desterramos todo lo que sonara a sacrificio, esfuerzo, autoridad, obligación. De pronto éramos libres, habíamos pasado de el «chitín y a callar», a tener cada vez más derechos, tantos que podíamos hasta vociferar, porque ahora teníamos libertad de expresión. Luego vino la entrada en Europa, el euro, la España va bien y todos comenzamos a vivir mejor.
El crédito fácil y barato, el trabajo viento en popa y las tarjetas de crédito nos enseñaron que consumir era espléndido y dinamiza la economía. El dinero corría y el más tonto hacia fortuna. Los políticos se profesionalizaron, dejaron de ser hombres de ideas y pasaron a ser de partido, no era necesario ser fiel sino al mandato del aparato; quien generosamente correspondía dando otros cuatro años en otra potrona mejor pagada aún. Ganar una alcaldía, un gobierno, era equivalente a decir a los ciudadanos lo que estos querían oír. Después con regalar subvenciones para todo y hacer cosas, muchas cosas, más cosas, no importaba su utilidad ni el costo posterior de mantenimiento, hacer cosas aseguraba la reelección. De esta guisa los votantes comprobaban la bondad de nuestro mandato. Bastantes políticos, en este dislate, vieron que el poder otorgado en las urnas servía para conseguir, además del dinero para la financiación del partido, para llevárselo crudo a su lucro personal, por lo que no dudaron en meter la mano.
Mientras, los votantes, encantados por la vida fácil y el crédito disponible hicimos lo propio. El que más y el que menos revalorizó su casa, la de sus padres o la del suegro en aquella enloquecida escalada urbanística. Otros, se metieron sin más al negocio y el albañil más espabilado se hacia promotor. La casa vieja de los suegros era alquilada por camas o habitaciones a doce emigrantes ecuatorianos, su alquiler daba para comprar dos pisos en los nuevos y flamantes polígonos. Esto era un chollo, llenamos las calles de nuevos coches, nuestros políticos preocupados por sus votos nos hacían rotondas, subvencionaban el ágape de las fiestas del barrio, atendían a los desvalidos en su domicilio o contrataban barrenderos que nos limpiaran las calles. Calles ahora de dulce, llenas de maceteros, que eso sí, nuestros hijos mal educados se encargarían de destrozar.
Esto no es una crisis económica, no señores, es una crisis moral, de desvergüenza de todos, pues todos le hemos dado la espalda a la verdad, a nuestras obligaciones y a los valores que han caracterizado la cultura que nos trasmitieron nuestros padres: Austeridad, ahorro, esfuerzo y respeto. Sólo volviendo a ellos, saldremos de esta profunda crisis en la que estamos inmersos.

3 comentarios :

  1. jaja solvencia es con v de ahí que solbes lo sea con b, usted perdone

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  2. Anónimo16/5/10 0:22

    Lleva muchisima razón "Don Sebastian" pero tu comentario llega muy tarde, y los sindicatos en aquela época?. Callados como pu..., todos sabiamos que esto era un derroche pero como ganabamos mucho, mañana Dios dirá.
    Digo yo una cosa, por qué no paga el pato quien cosechó en aquellos años, me figuro que guadaría para este pedrisco que ha venido, o no ?. Ahora a pagar todos verdad?. Que mala leche, sabiendo lo que estaba ocurriendo todos callados como p.... nos iba de P.M. pues ahora a joderse toca.
    Placido, a toro pasado para qué?

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  3. ¡Muchas gracias por su observación!, que en este caso, además de cierta, me parece aguda y muy pertinente. Como verá hemos rectificado, porque corregirse es de sabios. Espero que el artículo y la reflexión que en él realizo nos sirva aunque sea a «Toro pasado» como dice el otro comentario anónimo para eso, rectificar, Pues para hacerlo, querido amigo, nunca es tarde.

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