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El languidecer de Jumilla 19 sept. 2009 13:13 Plácido Guardiola Jiménez

«Un pueblo adormecido»

A lo largo de la historia, los pueblos conocen épocas de esplendor en todos los órdenes, económico, social y cultural; en otras por el contrario, languidecen y se empobrecen. Si nos fijamos en Jumilla durante el pasado siglo XX tuvo en sus primeras décadas (hasta los años 20), un desarrollo cultural y económico que quizá ya no hemos vuelto a alcanzar hasta nuestros días. Aún así, el resto del siglo presento momentos de desarrollo y otros de clara recesión.
Nuestra historia no ha sido ajena a los derroteros que el país vivía a nivel nacional, como tampoco deja de serlo en estos momentos de profunda crisis económica y de miseria moral que se cierne sobre nuestro país. Pues no es que la economía vaya mal, ni siquiera que lo haga peor que en otros países de nuestro entorno, Lo realmente grave es ver a una sociedad desarmada que no termina de salir del sopor sestero en que ha vivido en los últimos años.
En esos años en los que España iba bien en los que «mejorábamos que era una barbaridad», nuestro arque móvil de automóviles se multiplicaba por tres, gastábamos alegremente un dinero que fluía a raudales y nos instalamos en aquello de «a vivir que son dos días». Todo era tan fácil, tan rápido que esfuerzo, preparación, dedicación, constancia, ahorro… dejaban de tener sentido y casi nada lo tenía pues aquí, el más inepto triunfaba, cambiaba de coche, de piso y, seguramente, también de pareja. Nuestros retoños aprendieron muy bien este mensaje que todos repetíamos con nuestros actos por doquier.
Durante esa borrachera no tomamos medidas, no fuimos previsores, ni siquiera nos paramos a pensar si «todo valía»; ahora cuando nos vienen las cosas del revés no terminamos de salir de ese sopor facilón. Aturdidos, esperamos que esto se arregle, que salgamos de la crisis, mejor dicho, creo que «esperamos a que nos saquen».
Sería el momento de cambiar el disco, de bucear en los valores de nuestros antepasados, de aprender de nuevo las virtudes que luego glosamos y cantamos de nuestros ancestros y sacrificados viticultores… Después, ponernos manos a la obra y preguntarnos qué puedo hacer yo para salir de aquí, cuáles son nuestras fortalezas, cómo suplir nuestras carencias. Pero desde luego, abrir de una vez por todas los ojos y dejar de escuchar cantos de sirena que repiten los gurús del buenismo político con su blandiblu melinfluo que, niega primero la crisis para después intentar remediarla tirando de presupuesto.

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