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Ni reyes, ni magos, ni niños 6 ene. 2015 10:52 Plácido Guardiola Jiménez

Cuando ni la infancia ni los Reyes Magos son lo que eran «De desfiles regios e infancia»


Noche de Reyes Magos

Para mí, que con tanto show mediático en las cabalgatas de Reyes Magos, tanto famoseo, carroceo de purpurina, bailes y danzas, disfraces de todos los colores, estamos más cerca de un carnaval de pésimo gusto o del glamour de un programa de telebasura, que de un desfile regio que debería tener más solemnidad y boato.
Vamos que no se si esos seres diminutos, los niños, a los que edulcoramos el decorado de estos días como si de una producción de Disney se tratara se tragan inocentemente este montaje cinematográfico que cada año montamos.
De entrada, no me parece que los reyes puedan ser políticos locales, o famosos de la pantalla, el deporte o la canción. Los Reyes no obedecen a más regla que ser hijos de tales, por tanto no son elegidos en las urnas ni por aclamación popular en ninguna faceta de la vida social. Vienen como todo el mundo sabe ungidos por la genética de sus padres y la sangre azul que corre por tan aristocrática clase social. Por tanto, o son reyes de verdad, o son ciudadanos cualquiera que de forma anónima se designan para la ocasión y cuya identidad para no desvelar la estirpe regia se mantiene en el más absoluto de los anonimatos. Sin embargo, ahora tenemos que hacer mercanchaising de todo, empezando por los Reyes Magos cuyas mágicas figuras son utilizadas para todo menos para mantener vivos los sueños de esperanza.
«...qué magia tiene, el que a la misma hora y en distintos canales aparezcan encarnados en personas distintas, hasta algún Baltasar con la cara mal untada de betún,... »
Luego está lo de Magos; pero qué magia tiene, el que a la misma hora y en distintos canales aparezcan encarnados en personas distintas, hasta algún Baltasar con la cara mal untada de betún (como si en la actualidad no tuviéramos paisanos de color), unos en carrozas luminosas, otros en barco, y otros en camello. Esto no es magia es chapuza y cualquier niño perpicaz y, los de ahora lo son, se dan cuenta a la primera.
Para colmo aparece el rey dando discursos al final de la cabalgata, un rey debe sonreir desde la bondad regia de su insigne figura, detrás de sus barbas doradas, blancas o negras; eso además de repartir juguetes a través de sus pajes. Como mucho, debe sentar bonachonamente sobre sus rodillas al niño que es llevado hasta él por sus padres ¿Pero dar discursos? ¿Desde cuándo son los reyes quienes los dan, los discursos son de los políticos?
«...a mi me desveló el misterio un primo mayor que yo, envidioso él porque los Reyes Magos desde que lo sabía ya no le traían nada,... »
A estos Reyes Magos de Oriente, que como digo ni son reyes, ni magos, lo único que les queda es lo último, pues vienen cargados de todo tipo de cacharrería electrónica o inmunda que, en algunos casos, incumple los estándares de homologación y seguridad infantil que exige la UE o CE desde allí, es decir, de China.
Tampoco los niños son niños; sino una imagen maniquea y dulzona que los adultos creamos acerca de ellos. Imagen edulcorada por la influencia mediática de Hollywood, factoría Diney. Ellos, los niños me refiero, son menos inocentes de lo que parecen; por si no fuera suficientemente burdo el show que montamos para darse cuenta de todo, cuentan con lasa modernas tecnologías para desvelarlo. De ahí que un mozalbete de no más de 10 años confesara a un periodista micro en mano conocer la auténtica identidad de sus regias figuras, pues el año pasado había escondido su móvil grabando vídeo en el salón de casa para grabar el mágico momento.
En fin… que quieren que les cuente, a mi me desveló el misterio un primo mayor que yo, envidioso él porque los Reyes Magos desde que lo sabía ya no le traían nada, al contarme que la bicicleta que aquel año me dejaron los Reyes Magos de Oriente, la había comprado mi Madre días antes en donde Martín “El de las bicicletas” en la calle del Rollo Viejo y que el mismo le ayudó a traerla a casa y escondela. ¡Oye! con tan mala suerte que, desde entonces, ni agua me dejaron.

2 comentarios :

  1. Anónimo9/1/15 13:09

    "en donde Martin" no! ... "a ca Martín" si
    ;)

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    1. Eso, a ca Martín el de las Bicicletas. Mismamente ahí.

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