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Asquerosos ricos y mirerables pobres 1 jun. 2014 21:38 Plácido Guardiola Jiménez

Riqueza y pobreza en el mundo «Un mundo polarizado» 


Cúpula bizantina
Interior de galerías Lafayette. Cúpula bizantina


Hace unos días, paseando por la zona de los grandes bulevares parisinos, llegue a la conclusión que hay que salir a países extremos para entender qué significa la pobreza y la riqueza. Cuando en 1998 viaje a Guinea Bissau (según unos indicadores el cuarto país más pobre del mundo, según otros el noveno), vine convencido que yo era inmensamente rico y vivía en el mejor de los mundos imaginables Tanto, que aun cuando dispusiéramos una línea de policías en nuestras costas para impedir la entrada a los subsaharianos, no podríamos contener la que se nos vendría encima. Lamentablemente, los sucesos recientes, en la famosa vaya de Melilla parecen confirmarlo.
Sin embargo en mi paseo por el Bulevard parisino de Haussmann, los escaparates y grandes almacenes de Primtemps y Lafayette con su espectacular cúpula bizantina; las tiendas de Cartier, Hermès, Prada o Yves Saint Laurent, etc. de sus calles adyacentes vinieron a demostrarme lo vulgarmente pobre que soy. Sus escaparates y expositores vienen a ser una muestra del lujo descarado, de la riqueza insultante, pues para comprar un reloj que me gustó había que desembolsar la indecente cantidad de 380.000 euros, ahí es nada.
Sin embargo, de sus tiendas, salían los nuevos ricos chinos a los que hacían la pelota y reverencias desde los guardas de seguridad que había a su entrada, hasta los elegantísimos dependientes de la tienda, mientras los recogían en la puerta chóferes en coches de alta gama y cristales tintados.

Cartier en París

Menaje de hogar de lujo
Arriba guarda de seguridad en la puerta de Cartier. Abajo escaparate con menaje de hogar

Estaba claro, la distancia entre aquel mundo parisino a la normalidad de mi poder adquisitivo personal, era si cabe más grande que la que me separaba a mi de aquellas gentes que deambulaban por la capital de Bissau camino del mercado de Bandín.
El mercado de Bandin en Bissau es el extremo opuesto a las galerías Lafayettte, parte cubierto con obra precaria y gran parte a cielo abierto, no tiene escaleras ni cúpulas, sobre el sobrevuelan enormes aves carroñeras y en sus alrededores se hacinan enormes montones de basura hasta donde descienden los buitres en busca de comida. Bandín no cierra, está abierto las 24 horas del día y hacia el fluyen en un constante ir y venir ríos de personas, sobre todo mujeres con fardos sobre sus cabezas. No hay estantes ni electricidad, allí acuden los lugareños y te venden toda clase de frutas, hortalizas, carnes, pescados en tenderetes improvisados sobre un trozo de plástico mugriento sobre el que colocan las mercaderías. Los de la carne provistos de un espantamoscas para quitar de su mercancía tan pesados insectos. Sólo las telas y mercancías elaboradas cuentan con la parte cubierta de Bandin, aún así recuerdo aquel lugar con más vida que las exuberantes tiendas de Lafayette.

Guinea Bissu alrededores del mercado Bandin

Guinea Bissu  mercado Bandin

En la foto superior la basura se amontona en el mercado de Bandin de Bissau
Descalzo en el palmeral
Niño en Guinea Bissau
En cualquier caso, hay que ser indecente y escandalosamente rico para poder comprar en éstas tiendas parisinas, tanto, que ni por un momento quisiera ser un cliente habitual de ellas. Pero observando ambos extremos es cuando realmente descubres qué lugar ocupas tu en este mundo desigual en donde la pobreza y riqueza son el blanco y el negro de una fotografía dispar, la luz y oscuridad de un mundo profundamente desigual.
La percepción de la pobreza y riqueza sin salir de nuestro pueblo es una percepción bastante relativizada pues ni nuestros ricos son ricos ni nuestros pobres tanto, aunque aquí, entre nosotros también exista la pobreza y la riqueza.

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