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A orillas del Sena 18 may. 2014 21:59 Plácido Guardiola Jiménez

Andando por Europa «En todas partes cuecen habas»

Orillas del Sena

Cae la tarde en París a orillas del Sena, cientos de jóvenes acuden con bolsas llenas de bebidas mientras caminan por el paseo de su ribera en busca de los amigos con los que suelen quedar.
 Por el río, de vez en cuando,  baja una barcaza llena de turistas que hacen el típico tour por vía fluvial, al llegar a Notre Dame, se levantan miles de brazos que sostienen tablets, móviles o cámaras digitales y bombardean los últimos rayos de sol sobre las torres de la catedral parisina. Luego vuelven a sus asientos dispuestos en la terraza de la barcaza y saludan a los jóvenes y viandantes que circulan por la orilla.

Jóvenes a orillas del Sena

Tras estas chalupas turísticas, otras más elegantes y cerradas con cristal le siguen. Dentro hay más de un centenar de mesas con un centro iluminado por románticas velas en donde sirven la cena elegantísimas parejas mientras circulan por el río. 


Fuera del cauce  del Sena, la ciudad parece seguir su ritmo cotidiano, el ruido del  incesante tráfico y el bullicio del tránsito de las gentes. Las luces de escaparates y establecimientos  comienzan a encenderse abriendo la noche en la ciudad, pero el Sena, es para turistas ávidos de fotos que llevarse para enseñar a los amigos, para colgarlas en la red, para dar fe que ellos viajaron a París. 
El Sena es de las parejas que se arrullan en sus orillas, de los que se concedieron una velada romántica en el restaurante anfibio y, sobre todo, de los cientos de jóvenes que poco a poco dan cuenta de todas las bebidas con las que acudieron a la orilla del río.

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