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¿El fin del trabajo? 17 jun. 2013 10:36 Plácido Guardiola Jiménez

«La tecnología destruye empleo y genera desigualdad» 



 De todos es conocida la historia del ludismo que, a principios del siglo XIX, comenzó a destruir las maquinas porque creía que ellas traerían el inminente fin del trabajo. Aunque las máquinas siguieron desarrollándose durante doscientos años más, el trabajo no ha desaparecido y siguió desarrollándose.
En la actualidad, la idea ampliamente aceptada es que la introducción de las máquinas destruye empleo, pero la innovación que produce, genera nuevas oportunidades de trabajo en otros ámbitos y sectores. Este consenso general se traduce en el lema que hoy defienden casi todos los economistas y políticos: «Sin crecimiento e innovación no hay creación de empleo»
Idea esta última que mantienen desde Rajoy y Rubalcaba hasta el resto de líderes españoles y europeos. Los propios sindicatos y trabajadores no tienen una idea distinta. Es lógico que así sea puesto que ambas cosas han sucedido de forma paralela desde que se iniciara la revolución industrial hace doscientos años. Hoy aparecen voces que comienzan a desmentir este tópico, lo hacen dos profesores del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, en su libro todavía no traducido al castellano «Race Against the Machine» (Carrera contra la Máquina), que vió la luz hace unos meses.
Ambos autores están muy lejos del pensamiento ludista y son reconocidos defensores de las tecnologías. Es más, ambos tienen ante ellas la idea de que las tecnologías están cambiando radicalmente nuestras estructuras económica, productiva y social; pero aún con ello, mantienen una actitud optimista y positiva. En la investigación que realizaban buscaban otras hipótesis; pero los datos les confirmaban lo contrario, la realidad estudiada en EE.UU venían a confirmar que: «La tecnología está destruyendo empleo y generando desigualdad», idea que constituye el eje central de su libro.
Más crecimiento y mayor productividad ha dejado de ser requisito imprescindible de creación de puestos de trabajo, la innovación aumenta la competitividad, pero no necesariamente el empleo. Como bien señala Mcaffe, el binomio de mayor competitividad mayor empleo se rompió en EE.UU en el 2000. Desde entonces parece no funcionar, a pesar de que hoy se defienda con uñas y dientes por los dirigentes de todo el mundo y por la ortodoxia económica. Sus estudios constatan que las clases medias (pertenecientes a sectores profesionales y trabajadores de “cuello blanco”), están siendo laminadas: Al mismo tiempo, las clases trabajadoras se ven empobrecidas y la pequeña proporción de ricos lo son cada vez más.
La tesis no es nueva, desde la sociología se venía apuntando ya hace años la polarización social del mundo actual. El público en general y, muchos padres en particular, son  ya conscientes de que una licenciatura, un máster, un doctorado no garantiza hoy en día un buen empleo a sus hijos.
Es verdad que en España, el desempleo es nuestra particular pesadilla , que nuestros datos son más graves que en otras partes de Europa y el mundo; pero el desempleo es ya como apuntan estos autores, un problema global que afecta a todos los países. La ruptura ocasionada en el sistema por las tecnologías ha llevado entre otras cosas a la quiebra de confianza en el sistema educativo que sigue aplicando las viejas recetas sin dar respuesta a los nuevos retos y desafíos que su irrupción plantea en el sistema productivo.
A pesar de todo ello, estos autores, mantienen como dije una actitud positiva ante los nuevos retos que hoy tenemos, pero advierten que los anteriores remedios no son ya válidos.
(continuara…)
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5 comentarios :

  1. Muy interesante sin duda,enhorabuena por el artículo

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  2. Si no fuera porque quienes hacen las máquinas y quienes las poseen son unos egoístas, el mundo lleno de máquinas sería estupendo para la humanidad. Se generaría todo lo necesario para vivir, con muchísimo menos esfuerzo. Se tendría que trabajar la mitad, o mucho menos, y tendríamos tiempo para el ocio, la familia, los amigos, el aprendizaje en muy variadas ramas del conocimiento...
    Pero claro, eso no haría a los ricos aún más ricos. He ahí el problema.

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    1. Estimado Miki, llevas razón nunca olvides que el problema en todo sistema económico y social es el reparto de los recursos, versus riqueza y, las máquinas, facilitan su obtención. Aunque yo no le llamaría egoismo sino la resistencia de las estructuras de poder a perder un ápice de su posición de dominio.
      Nuestro sistema está en crisis porque el viejo reparto ya no es capaz de generar los equilibrios sociales que los modernos Estados del Bienestar generaban. Se impone generar un nuevo modelo, la clave es si se conseguirá de forma pacífica y ordenada.

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  3. Supongo que Race Against the Machine contempla la altamente industrializada sociedad norteamericana. La situación de España es bastante diferente, pues nuestra última industrialización (años 60 del siglo XX) fue tardía y efímera. El paro en España no es el de la sociedad que está de vuelta de la industrialización, sino el de la que todavía no ha llegado. La construcción resolvió el problema durante unos años. El turismo ya está claro que no lo va a resolver. Sin industria, no hay futuro.

    Beltenebros

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    1. Pues así es, su estudio se ha realizado en los EE.UU, los propios autores señalan que suponen que se cumple en otros países desarrollados, aunque advierten que no lo han contrastado.
      Pero la angustia llega cuando piensas que si eso ocurre en países con una infraestructura industrial potente en aquellos que, como nosotros, no llegamos a tenerla nunca ¿Qué ocurrirá?. Tampoco somos un país emergente con poderosos recursos.

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