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Mirarse el ombligo 15 oct. 2009 08:29 Plácido Guardiola Jiménez

«De hidalgos y blasones»

Todos hemos practicado alguna vez lo de mirarnos el ombligo, esta actividad constituye en definitiva una filosofía de vida que alcanza una doble finalidad. La primera, narcisista pues al mirarlo quedamos entusiasmados de nuestra propia belleza, al igual que en el mito de Narciso, quien quedó extasiado ante el reflejo de su rostro en el estanque. La segunda de las finalidades, tiene un propósito preventivo, consiste en mirarse el ombligo para no ver lo que hay alrededor, pues mientras lo miramos, no alcanzamos a ver a los otros que quizá lo hacen mejor o peor; pero distinto permitiéndoles avanzar o retroceder.
En cualquiera de los casos sea por narcisismo o por esconder la mirada a los otros, la consecuencia es la misma; la inanición y la parálisis. Da igual que como resultado de nuestra mirada al ombligo lleguemos a la conclusión que somos «el ombligo del mundo» o que poseemos el más bonito del planeta, en ambos casos, nuestro ombligo es único y exclusivo; por tanto, nada cabe hacer.
Se muere de optimismo empedernido o de derrotismo extremo; pero sin salirnos de ese no hacer nada, no cambiar, no avanzar nada y dejar que las cosas sucedan, mientras felices contemplamos el orondo y coqueto agujerito en el centro de nuestras barriguitas. Total, mañana él seguirá estando ahí, tan seductor y mono como ayer.
Lorenzo Guardiola dejó escrito bastante acerca de esa hidalguía jumillana, que nos confiere un carácter noble y orgulloso acerca de nosotros mismos. No sé si es que esa condición hidalga nos hace mirar demasiado a nuestros blasones o a nuestros ombligos; pero esa actitud nos mata condenándonos a perpetuar lo peor de nosotros mismos. Después, un día cualquiera al levantar la vista del ombligo, nos damos cuenta que nuestros vecinos yeclanos nos han adelantado en esto o aquello. Otras, simplemente nos creemos abandonados y olvidados de la mano de Dios, sin darnos cuenta que otros, están igual o peor que nosotros. Pero ya digo, estas son las cosas de mirar tanto nuestros blasones u ombligos.

2 comentarios :

  1. Si algo sobra en este pueblo son blasones,que no es que haya muchos pero los pocos que hay ni representan a nadie ni tienen la mas minima dignidad ni el mas minimo prestigio.Desgraciadamente aqui siempre hemos tenido que soportar el fenomeno del señoritismo,fenomeno que ha desaparecido con los años pero que durante mucho tiempo hubo que aguantar con verdadera paciencia y estoicismo.Fueron pocos pero ejercieron su absurdo poder caciquil durante mucho tiempo e impusieron un modelo a seguir de una vulgaridad extrema y de un mal gusto rayano en la pestilencia.Pobres jumillanos que jamas salieron de su ignorancia y sin darse apenas cuenta siguieron su mal ejemplo.Los sucesores de estos son los sacapanzas de ahora que no son mas que un atajo de beatos de procesion enquistados en un estilo de vida desfasado hipocrita y ridiculo con los ombligos llenos de roña y retestin .Como iba este pueblo a avanzar con esos ejemplos.Aqui los innovadores y revolucionarios nunca tuvieron cabida y siempre se les condeno a la picota y tuvieron que salir corriendo para nunca volver la vista atras.Recuerdo la Jumilla de mi infancia socialmente se componia de los 4 señoritos de la calle de la Feria luego hasta la calle del Loreto cierta burguesia acomodada lameculos de los 4 señoritos y de la calle del Loreto hacia arriba estabamos el resto que eramos la canalla la ruzambre y los cueveros y todo esto lo digo muy objetivamente y sin el mas minimo resentimiento.ahora con la llegada de los inmigrantes la cosa ha ido a peor lo señoritos somos todos pues hay un resto que nos ha sustituido todos con los putos coches a todas horas cogemos el coche hasta para ir a cagar en fin lamenentable ,terrible estoy contigo Placido en todo lo que has dicho ,pero te quedas muy corto.




    en un estilo de vida antiguo desfasado y sin futuro

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  2. Siempre ha habido muchos modestos labradores que consideraban que lo más noble era la labranza; el comercio y la industria era para gente especial, forasteros o antiguamente judíos. Y en esto coincidían los labradores con los señoritos. Es un estigma de la España tradicional. También es un estigma cargar la culpa a una u otra clase social, según el sesgo "ideológico" del opinante.

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