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La nieve que nos visitó 22 ene. 2015 08:54 Plácido Guardiola Jiménez

Algunos parajes jumillanos nevados«Insólita belleza blanca»

Nieve helada en el Carche, Jumilla

La nieve siempre es bien recibida por estos lares, de ahí que nuestro refranero guarde y dedique a ella algunos refranes positivos: “Año de nieves, año de bienes”. Las precipitaciones del pasado domingo y lunes en la mañana, en cotas superiores a los mil metros, fueron en forma de nieve. Por ello parajes como los Gavilanes o la sierra del Carche se vieron sorprendidos por la primera nevada del año. El lunes, desistimos de fotografiar el evento al amanecer gris y nuboso, lo que restaba los brillos al paisaje. La luz difusa del ambiente reflejada en el blanco de la nieve hubiera dado una apariencia más plana a las imágenes, por ello decidimos subir al día siguiente martes hasta la Madama aprovechando que la luz solar brillaba entre los claros que se sucedieron en ese día.

Sierra del Carche Jumilla

La noche anterior había helado y los escasos centímetros de nieve caída permanecían adheridos a las hojas de los pinos, carrascas, romeros y cuanta vegetación cubre las laderas de esta sierra. Más arriba cercanos y, en la cuerda de la misma cumbre, la nieve arrastrada con fuerza por el viento había creado preciosas estelas de hielo en cada tallo u hoja que encontraba a su paso. Todo ello brindaba un auténtico espectáculo digno de plasmarse en mil fotogramas algunos de los cuales acompañamos en este artículo.
Las formaciones de hielo y nieve helada en la superficie de la ladera norte de la Madama ofrecían insólitos e inusuales puntos de vista sobre el bosque que la cubre, tanto que hacía difícil elegir un motivo o detalle en el cual centrarse. Sólo el gélido frío reinante, cuya sensación térmica se veía multiplicada por el viento que azotaba la ladera, nos hacia desistir de permanecer más tiempo en el lugar con la cámara.

Sierra del Carche Jumilla

Sierra del Carche Jumilla

Cuando los dedos de la mano que manejaban la cámara se agarrotaron por el frío, hasta hacernos difícil su manejo, decidimos que nuestra sesión fotográfica había terminado; siendo conscientes sin embargo, de que una infinitud de otras maravillosas quedaban desparramadas por la ladera helada de la Madama.

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