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COMER SOPA EN TIEMPOS REVUELTOS 8 feb. 2010 21:32 llanerosolitario

Una serie de TVE nos narraba, en imagen y sonido, con dramas pasionales formando parte del guión televisivo, lo revuelto y convulso, que fueron aquellos tiempos para quienes los vivieron. Todas y cada una de las circunstancias que la sociedad española sufrió en primera persona, victima de acontecimientos varios, que le tocó vivir y sufrir.
No soy asiduo de la caja tonta, excepto para aquello que realmente me interesa, y les cuento que las series, sean del género que sean, como que no me van. Con ésta reflexión trato de buscar el paralelismo, de aquellos tiempos revueltos, con estos que nos han tocado vivir como presente, que dadas las circunstancias no parecen que lo sean menos.
Repito que apenas he visto la serie unos minutos, pero lo suficiente como para hacerme una idea de que se ha pretendido narrar. Lo que si que estoy viviendo es el presente del dia a dia en el que la sociedad española, transcurre y discurre, de la mejor manera que puede. Son estos, unos tiempos llenos de incertidumbre para quienes tienen un trabajo – más o menos estable – y de nula perspectiva para quienes – que cada dia son más – no disponen de el.
Empleando la metáfora de la sopa – no la busquen en texto alguno que es de cosecha propia – en España, que no era un país habituado a la sopera – somos más de sartén y olla – comenzamos a consumir sopa de una manera prudente y a sorbo corto. Con una cuchara, que no era la más apropiada – por pequeña – para el menester, pero hay andábamos con la pastilla de Avecrem. Luego, pasado un tiempo, vino el primate Aznar y nos enseño a comerla – la sopa – con la correspondiente cuchara sopera, más onda y de mayor diámetro que la anterior.
Con el llegaron las grúas y el cielo azul comenzó a tornarse de formas metálicas por las ciudades de toda España, sin excepción. A medida que pasaba el tiempo la cuchara sopera se nos fue pareciendo pequeña – aun siendo del tamaño que se empleaba en Europa – y nosotros nos pusimos a comer la sopa con el cucharón que se emplea para sacar de la sopera – ese que es de grande como la mano – y aunque no nos cabía en la boca no nos importaba que parte de lo que pretendíamos comer – por avaricia – se desperdiciara.
Otros llegaron después de Aznar y aun a sabiendas de que la cuchara no era la más idónea, dejaron pasar el tiempo, porque a final todos acabamos comiendo sopa a cuchararonazo limpio. Se nos agrandó la boca al punto que ya nos entraba el cucharón en ella, y hete aquí que – de la noche a la mañana – se revuelven los tiempos y nos encontramos comiendo la sopa con cucharilla de café. Y que pare hay la cosa, porque si la situación no cambia muy a corto plazo, tendremos que ir pensando en aprender a comerla con tenedor. Que si no lo han probado, supone una interesante experiencia.

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