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| Retamalejo al atardecer |
Hasta no hace mucho era de los que creía que eso de los pueblos abandonados era cosa del Pirineo Aragonés o alguna otra zona semidesértica de España. Eso pensaba hasta que hace unos años me hablaron de San Joy en plena Sierra de la Pila.
San Joy es hoy un conjunto de unas 12 viviendas, la mayoría de ellas en ruinas, otras, habitadas por media docena de jóvenes que han decidido vivir aislados y en contacto con la naturaleza desde abril de 2012. Algunos de ellos estudiantes universitarios que habían participado en los movimientos del 15 M. Superviven del cultivo de algunos huertos que riegan con el agua de una fuente cercana que abastecía esta aldea desde siempre. El manantial que situado ladera arriba de San Joy suministra unos 3500 litros al día me cuenta uno de los jóvenes moradores actuales. Las gallinas, conejos y cerdo y burros completan sus fuentes de supervivencia. Sin embargo San Joy llegó a tener en sus buenos tiempos unos 100 habitantes que moraban sus hoy derruidas casas. Este núcleo de población tuvo sus últimos habitantes fijos hacia 1950 quedando desde entonces abandonado.
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| Uno de los núcleos de viviendas de San Joy |
Aun cuando el caso de San Joy fue del primero que me enteré y quizá el que mayor impacto me causó (por la cercanía a Jumilla pues no dista de nosotros 50 kilómetros), no es el único en nuestra región. La semana pasada tuve el gusto de acercarme a otro de ellos Retamalejo ubicado como ocurre con otros dos también abandonados La Junquera y El Moralejo de Arriba, a los que habría que añadir el de Reverte en las tierras altas lorquinas.
«... los montones de piedra de sus derruidos muros, los tejados caídos y los viejos ventanales constituyen la memoria de lo que aconteció siendo testigos mudos de viejas vivencias»
En el caso de Retamalejo, esta aldea llegó a tener luz eléctrica en los años 60 y, aun cuando para esas fechas ya había casas abandonadas, no fue hasta principios de los 80 cuando desaparecieron sus últimos moradores.Menor suerte tuvo El Moralejo de Arriba que nunca llegó a tener luz eléctrica y agua corriente en su decena de casas y donde las últimas que fueron habitadas lo hicieron hasta mediado de los años 80.
Cerca de Zarzilla de Ramos en las tierras altas de Lorca está Reverte que tampoco tuvo agua corriente y se abastecía de la fuente de la Sal situada no muy lejos del núcleo de la población. Hoy alguna de sus casas se encuentra rehabilitada y siendo usada en verano por sus propietarios. Los últimos que habitaron esta población de forma permanente lo hicieron hasta la década de los 70.
La Junquera es un caso extraño pues desde hace dos siglos su propiedad pertenece a dos familias, vivió siempre del cereal, almendro y ganadería ovina contando con una iglesia del siglo XVIII que compartía con las poblaciones cercanas de La Capilla y El Moralejo.
Hoy, lamentablemente, los montones de piedra de sus derruidos muros, los tejados caídos y los viejos ventanales constituyen la memoria de lo que aconteció siendo testigos mudos de viejas vivencias que, alrededor de ellos, vivieron sus moradores.















